Sonrisas en el metro

Línea 6, un vagón de metro a las 22:30,

El me miraba, yo le miraba…

Estábamos uno enfrente del otro sentados en un vagón de metro… Serían las diez y media de la noche… Apenas había gente en el vagón…

Sus ojos me inquietaban y a la vez me intrigaban porque su mirada era enigmática… Además, me sonreía cada vez que le miraba y yo desviaba la mirada hacia otro lado porque me daba vergüenza.

(…)

Me había montado en el último vagón del metro hacía trece minutos, en la estación que está cerca de la librería donde vivo… El, se había incorporado dos minutos más tarde que yo, en la siguiente parada…

Cuando se sentó ya sentí algo especial por ese chico alto y delgado que vestía de una manera bastante peculiar, a saber: una chaqueta de cuero azul, muy punk, una camiseta corta, unos vaqueros, unas playeras y un sombrero amarillo… Era de apariencia joven pero tendría sus treinta años ya. Y a mí me impresionó demasiado como para no fijarme en el… sobre todo por su manera de andar… Es algo en lo que me fijo mucho en la gente… La forma de hacerlo me fascinó hasta tal punto que dije este chico es especial… Y acerté.

(…)

Así que mientras me miraba, yo intentaba evadir su mirada porque me ponía muy nervioso a pesar de que me gustaba. Pero por más que lo hacía, por más que pusiera atención a las canciones de mi Mp3 no podía, me puse rojo y pensé que todo el metro me veía a pesar de estar casi vacío…

Cuando llegó a su parada se despidió con una sonrisa como las que me había regalado durante el trayecto, y se esfumó… El había llegado a su destino; a mí aún me quedaban treinta minutos para llegar a mi casa.

En el momento de salir del metro, noté una extraña sensación. No era el frío de invierno que ya se empezaba a notar, era algo diferente…

Esa fue la última vez que le vi… No volví a saber nada más de él nunca más…

(…)

Ahora sé que ese fue el chico del que siempre había estado enamorado desde pequeño, cuando sólo tenía siete años… porque era un vecino de mi abuela que veía salir siempre del portal… Sólo me llevaba cinco años pero cuando me crucé con él en aquel vagón no le reconocí por su aspecto tan cambiado… Le habían justo atropellado al salir de la estación aquella triste y fría noche de enero…

Ahora me arrepiento de no haberle hablado y de no haberlo intentado al menos. De haberle saludado, de haberle sonreído con más ilusión, porque estoy seguro de que no se habría ido tan triste por no poder quedarse a mi lado… Lo sé ahora, pero ya es tarde…Perdimos ambos el tren para siempre…

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