‘El mundo’ (Jia Zhangke, 2004)

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Un parque temático futurista. Relaciones complicadas por terceras personas. Infidelidades… En la China actual, posmoderna. La falta (o demasiada) comunicación impide tener relaciones sanas. Los teléfonos móviles. Animaciones en colores surrealistas… Un mundo tecnológico.

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‘El infierno’ (Claude Chabrol, 1994)

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Los celos no suelen ser sanos. Se pasa mucha angustia. Se tiene mucha ansiedad. Se pierde mucha energía en ello.  Es mejor hablar las cosas sin miedo, comunicarse de manera adecuada. Pero es algo que cuesta. Y es una gran enfermedad mental.

Cuando un hombre se pone celoso de una mujer, con motivos o sin ellos, no hay felicidad, no hay paz mental. Y es poco probable que exista un final feliz.

En el monte con M.

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Camino al Pagasarri, mayo de 2014

Un día interesante de excursión lleno de nubes, a ratos viento, pero sin lluvia. Encontramos los senderos lentamente, recorriendo: subiendo y bajando. Divertido paseo desde las doce y media hasta las seis de la tarde. Varias horas vagando por la soledad y el silencio del fresco bosque primaveral. El sol está tímido, como dice M. Creo que no quiere salir a saludarnos. Pero cuando lo hace nos regala un poco de su sabor, de su aroma.

Con el paso tranquilo pero sin pausa, uno entra en calor; al pararse para almorzar, uno se enfría y debe abrigarse en la cima. Después el descenso es más rápido, porque la gravedad ayuda. Parece que va a llover pero no lo hace finalmente. No nos ha hecho falta el chubasquero que previamente habíamos comprado en una tienda.

Sensación extraña

‘La noche estrellada’ (Vincent van Gogh, 1889)

Siento cierta sensación extraña durante toda la noche. La paso en vela, sin dormir. Durante el día quedo con un chico de Internet con el que he hablado por la noche durante varias horas. Parece que hay una buena conversación sobre literatura, que le gusta escribir, que va a publicarse un libro de él… Pero luego en persona no siento lo mismo: creo que es muy diferente a como había creído. Cuando regresa a casa, le pregunto a ver qué tal ha ido un asunto de algo relacionado con la literatura que le habían comentado. Me dice que bien pero que ha llegado a casa y estaba la policía. Me cuenta que le meten a la cárcel mañana por la tarde por no haber pagado una multa de 500 euros, que seguramente le lleven dos años preso. Parece una excusa para no volver a quedar. Me levanto de la cama y explota la montura de unas gafas de sol que había comprado con A., un chico que estoy conociendo hace dos semanas. Me siento extraño. Signo de que algo no va bien. Una señal. Me siento intranquilo, con ansiedad, bastante angustiado. Mi vida está desequilibrándose por estos acontecimientos. No comprendo por qué debo alarmarme ante tales cosas, pero el caso es que es bastante surrealista todo lo que está pasando a mi alrededor. El destino me juega otra experiencia negativa. Otro nuevo aprendizaje que llevar al recuerdo, o mejor dicho, al olvido. Creo que todo ocurre por algo, como ya he dicho en otras ocasiones. Pienso que debo aprender a ver las cosas con otros puntos de vista, para no enfadarme conmigo mismo tanto en estos instantes de incertidumbre. Debo dejar de luchar y pretender controlar todo en mi existencia. No se pueden responder todas las respuestas. Lo he adivinado hace tiempo. Todo tiene su lógica encubierta. Pero me cuesta comprenderlo, seguir ese dictado. Pues siempre intento responderme los interrogantes, sean cuales sean sus dudas…

¿Por qué llueve, por qué ocurren así las cosas…? Inalcanzables respuestas van apareciendo sobre mi estela vagando por el espacio.

Cuestiones sin sentido

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‘El pensador’ (A. Rodin,1880)

 

Preguntarme todo demasiado no es bueno. No es sano darle vueltas a las cosas…

A veces me dicen que pregunto demasiado pero no respondo sobre mí.  La gente se abre a mí pero yo no a ella; espero demasiado de los demás; soy celoso, visceral e impaciente. En ciertos momentos no tengo paciencia. Aunque para unas cosas sí la tengo; para otras, no.

Soñador y loco en Lisboa

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Un bar con un encanto especial en Lisboa

El tiempo…
Estamos llenos  de recuerdos de aromas perdidos en el tiempo.
Es bonito sentir algo vivido, sobre todo si fue en verano: la vitalidad, la luz el sol, el calor…
Melancólica sensación: la memoria del pasado.
Soñar con un chico paseando, feliz, descubriendo lo que había vivido en otro lugar. Lisboa era la ciudad perfecta para enamorarse. Siempre dicen que es París, pero Lisboa puede ser incluso hasta más romántica dependiendo de con quién se esté. En un lugar muy peculiar llamado ‘Sonhadores e loucos’, en Bairro Alto, se encontraba con su amiga tomando unas cervezas. Aquella tarde le vi de espaldas mientras bebía sorbos de su vaso. Hablando y sonriendo durante horas, le veía desde el otro lado del bar con su chaqueta negra de terciopelo.