Sueños a medianoche

Sueños, pesadillas que se repiten cada día, que le hacen ver  por qué sigue estando en ese estado.

La independencia económica, huir de la familia, vivir solo. El porqué de seguir manteniendo una situación insostenible cuando no es necesario ni saludable…

Discusiones, agresiones inconexas, falta de respeto y de valores humanos. Se repiten las historias. Se plantea vivir fuera del entorno habitual para crecer, para mejorar su vida.

Otras ocasiones no piensa tanto en ello y se centra en lo que hace. En trabajar, en conseguir lo que un día soñaba.

La eterna duda:

¿Algún día logrará conseguir la eternidad?

Anuncios

Encuentro fortuito con P. leyendo a Tao Lin

descarga

Una mañana otoñal a finales de octubre, notando el aire fresco, se dirige a coger el tren para ir a clase como cada lunes y miércoles.

El sol va a calentar durante todo el día, porque no se perciben nubes, pero va abrigado porque en esos momentos matinales aún hace frío. Un jersey a rayas moradas y blancas, un vaquero azul marino y unos zapatos marrones, que le agradan bastante, es lo que lleva. Además ha cogido una chaqueta vaquera que al volver a casa la lleva en la mano porque hace demasiado calor.

La mañana parece transcurrir con normalidad y así sucede. Después de la clase, coge la bicicleta pública y, dando un paseo lleno de una euforia primaveral por la alegría del soleado día, se dirige a la biblioteca, donde deja un libro que ha terminado de leer, y coge dos más para llevar.

Uno de los dos se trata de un autor de moda: Tao Lin, un joven escritor norteamericano con antepasados orientales. Ha identificado su nombre, ha leído la sinopsis, y ha pensado que le podría interesar, pues había oído hablar hacía unos días sobre él.

Va leyendo en el tren de vuelta a casa, y de repente, se encuentra con un compañero de clase que hace meses no ve. Se saludan y como ninguno de los dos tiene prisa para llegar a ningún sitio, deciden apearse para tomar algo y hablar durante una hora.

Así lo hacen y reviven recuerdos del pasado. Días casi ya remotos que sólo perviven en la memoria de ambos: una fiesta de despedida, un encuentro romántico, un paseo por la ciudad… Las sonrisas y expresiones de complicidad y confianza aparecen a pesar del tiempo perdido, del instante pasado. Amigos que van y vienen, en esta sociedad donde parece que todo es efímero, decadente.

El presente pasa pronto para dejar paso al futuro, que ya se convierte en presente. Es curioso cómo ocurre, es un misterio eterno. La vacuidad del tiempo se puede llenar con una palabra; la banalidad del momento, con otra. Es la reconstrucción seguida de la destrucción, y vuelta a empezar… Una espiral mágica.

El paso del tiempo es una vulnerabilidad donde los individuos yacen observando las estrellas.

El sentido humano de discutir

Me pregunto por qué las personas discuten faltándose el respeto sin sentido.

Me pregunto si habrá algún modo de evitarlo. Y creo que es posible: ignorar al que trata de hacer daño, no entrar en la discusión. Porque siempre se dice que dos no discuten si uno no quiere. Normalmente las discusiones son entre dos personas; pero una suele iniciar la confusión, el mal llamado diálogo.

Si de una conversación real y efectiva estamos hablando, no se debe llegar a ese punto tan dramático de herir al otro.

Si realmente se quiere a alguien, ¿por qué se le hace sufrir de esa manera? Creo que no se debe de querer a esa persona, pues hay un sentimiento de inferioridad que existe por lo menos, de forma latente e inconsciente en ese ser que maltrata.

Afirmo que si se ama de verdad no debe ser posible herir a alguien de esa manera tan cruel y con tanta violencia. Es la agresividad que emana de algún miedo o ignorancia, que se repite generación tras generación. Y la educación tiene mucha importancia en ello, es una gran responsable. Por eso es básica. Los valores humanos, como el amor, el respeto, el cariño, la bondad, la confianza… deben estar presentes en una relación interpersonal. Sino existen tales sentimientos, emociones, sensaciones, ¿para qué seguir teniendo ese tipo de relación tóxica? Mantener una relación patológica no es sano.

¿Pero se puede ser feliz viviendo con una personas con la que se discute día sí, y día no? Creo que cuando hay algún tipo de agresión, sea del tipo que sea, tanto física como psicológica, no debería seguir esa convivencia. Pero es complicado concebirlo de ese modo para algunas personas.

Viaje inusual en el tren

Salir a tomar algo con amigos y volver en el tren por la noche y ver a un chico que suelo ver habitualmente al regresar del trabajo.

Parece sentarse en otro asiento pero vuelve para atrás y se sienta a mi lado, y se pone a leer en su e-book, que siempre suele leer en el bus. Yo me pongo nervioso. Y voy todo el viaje inquieto pensando posibles desenlaces.

La estación llega, se acerca el destino, salir del tren y empezar a andar hacia casa. Él también se apea y sale por otra puerta diferente pero va detrás. Son movimientos extraños, inseguros, indecisos.

Y ya no vuelvo a saber de su presencia por ese momento.

Veganismo o hipocresía

Hablando de vegetarianismo, del veganismo, de todos esos deseos de alimentarse de manera más saludable con vegetales, hablaba con un amigo hace un rato.
La conversación había surgido por un documental en la televisión que él había estado viendo hacía un momento.
Como sabe que suelo tender a nutrirme con este tipo de “hierbas”, “helechos”, o como se quiera nombrar, ha entrado a colación el asunto.
El programa presentaba a un grupo de vegetarianos que decía encontrar la serenidad y la paz en ese estilo de vida. La felicidad, para ellos, es nutrirse del prana, de la energía cósmica, del Chi de los árboles y las plantas, de la madre naturaleza. Como a mí me parece muy interesante todo esto, le he comentado que es sano, en principio, nutrirse de ese modo. Pero que también hay mucha hipocresía en el tema.
Él me decía que piensa lo mismo. Que algunas personas se creen muy “hippies” y “guays” o “cool”, como se quiera decir, viviendo así y que luego no tienen los valores de los que hablan.
Yo le decía que sí, que habrá de todo, como en todos los ámbitos. Que estamos de acuerdo en que las palabras y los hechos no van siempre juntos en el mismo vagón, y que la teoría y la práctica son bastante diferentes. Incluso, de hecho, hasta divergentes.
Uno, en algunos estados mentales que le hacen divagar en un grado de trascendencia infinita, cree perder el sentido de las cosas en la vida, y pierde toda esperanza en las personas, pero en realidad son momentos que pasan rápidamente. Se desvanecen para volver a aparecer de nuevo en otro instante posterior.
La conclusion es la siguiente: siempre se puede aprender de todo lo que nos toca vivir para mejorar la existencia terrenal en la que nos tocado habitar. Todos intentamos lograr la felicidad:unos de unas formas y otros de otras. Habrá gente que acierta más que otra… Eso ya es cuestión de sensatez, honestidad, coherencia… de personalidad, qué se yo.
Una pequeña redundancia más que necesaria, quizás, para lograr continuar vivir sin suicidarse ni llevar a cabo la eutanasia, de una forma incontrolada y, si se me permite, ridícula, que en estos tiempos es ilegal.

Al que siempre se ama

Uno va paseando por las calles de la ciudad tranquilo, pensando en sus propias historias, cuando se encuentra de frente con el chico que podría amar con un carricoche de bebé.

Sabe que tiene un hijo, porque lo ve en la silla, y se lo habían comentado previamente, pero es bastante ambigua la situación, ya que te han dicho que ha tenido relaciones homosexuales y que quizá no sea tan heterosexual como se piensa.

Tiene barba, es moreno, o castaño oscuro, parece un chico interesante. Es camarero en un bar al que suele ir a pasar algunas tardes con los amigos.

Los ojos conocen otras miradas parecidas a esas, pero suelen ser difíciles de palpar, de observar.

Pasos que decaen,  miradas que se cruzan por un instante eterno.

El momento pasa de nuevo para no regresar jamás.