Infancia perdida

Cuando era pequeño recuerdo que ir donde mis abuelos era un encuentro bastante habitual entre la familia, el encuentro con los tíos y los primos, cuando se hacían comidas todos juntos; ahora parece que nadie se acuerda de eso.

Desde que falleció mi abuelo, mi abuela se ha encontrado algo abandonada, sola. Está más torpe por ser más mayor y vive con una chica sudamericana desde hace dos años, que le ayuda a realizar las tareas de la casa y le acompaña. Por otra parte, suelo ir cada fin de semana, los sábados y domingos a pasar la mañana hasta la tarde que tengo que ir al trabajo. Después va mi madre, la hija que no tuvo. Antes, cuando era más pequeño, iba los fines de semana con mis padres y mi hermano a comer con los abuelos; luego, en la adolescencia, lo hacía entre semana casi siempre una vez después de ir a clase o trabajar. Incluso en alguna época iba antes de que cenaran, sobre las siete u ocho de la tarde oscura del algún frío invierno.

Reflexiono sobre el tema porque he tenido un sueño con una de mis primas, la más mayor, D., en el que iba a dar una vuelta con su hija L., y hablábamos sobre el tema. Le pregunto por qué ya no es como antes la relación familiar, y me contesta que la vida es así. Cada uno hace su vida, pero creo que se podría hacer un pequeño esfuerzo para visitar más a la abuela en la situación que está viviendo. Al igual que mi hermano, que tampoco va demasiado a verla. Hace tiempo tuve un sueño con mi otra prima A. sobre el asunto y en él me decía lo mismo que D.

Comprendo que las personas con los años hayan hecho su vida, se casen y tengan hijos, pero el visitar a una abuela que está enferma y sola, debería ser una obligación, una razón más para vivir esa experiencia vital, intentando comprender mejor la situación del envejecimiento, con empatía y asertividad. Quizá no tengan ganas ni la intención de ir a visitarla. Tal vez sí la tengan pero por pereza o por lástima no van.

Desde que era un bebé siempre he estado con ella. Ha sido no la abuela favorita, que también quizá, pero por la experiencia vital vivida con ella ha sido con la que más tiempo he estado después de mi madre. Y eso la convierte en alguien eternamente especial. Siento que hay cierta vulnerabilidad y sentimentalismo en todo esto pero es natural al haberlo vivido de este modo. Estoy contento por haber sido así, por ser así. También hay que saber valorarse, tener un buen nivel de autoestima para poder solventar y lograr cierto bienestar emocional. Es sano aceptarlo, y necesario. Pero siendo humilde, evidentemente.

La madre suele ser una de las bases más importantes en cuanto a la educación se refiere, junto al padre, cuando es una familia convencional. Por cierto, no creo que tenga que haber dos figuras para que un bebé sea completo. Pero en mi caso creo que tuve dos madres, siendo una de ellas mi abuela paterna. Por ello tanto apego a la abuela, que ahora está medio “abandonada” por sus hijos y nietos. En este momento su enfermedad ya no le permite llevar una vida normal, pues tiene muchos dolores y picores que le impiden ser feliz. Muchas veces lamenta seguir viviendo; otras, está algo más positiva. Pero desde siempre ha estado bajo la constante aprensión, sumida a las circunstancias de la vida, lamentándose de cierta manera.

Supongo que es difícil ser abuela, y ser esta abuela especialmente, habiendo perdido muy joven a su padre, sin apenas conocerlo, y habiendo tenido un matrimonio tan difícil en algunos momentos. Aunque haya sido bastante complicado vivir en esa época, hay momentos de alegría y serenidad: el instante del nacimiento de un hijo, una boda (de un hijo, tal vez la suya no fue tan óptima), o incluso el hacer rosquillas envueltas en papel “albal”, para llevarlas al parque con su nieto, ese papel de plata con el que se envuelven los bocadillos y demás alimentos, y un vaso azul de plástico, irrompible, que no sé, pero no recuerdo bien si tenía algún cordón para colgarlo del cuello, para que no me pudiera cortar si se rompía en algún momento desafortunado…

Todos esos recuerdos me vienen ahora a la memoria, memoria que ella tiene en estado óptimo, pero que el envejecimiento va haciendo, imagino, aunque no puedo saberlo al no haber estado en esa situación aún (al no haber llegado a esa edad), porque pierdo información veraz para comprobarlo, mella en su memoria, valga la redundancia. Los días pasados, los inviernos, las barbacoas, los veranos en la playa de La Arena, en el monte y en los ríos, las Navidades vividas con ella, con la familia, siempre la eterna familia feliz (recordando un sempiterno comentario de mi madre), que con el paso de los años, el tiempo va degradando y desvaneciendo, porque resulta que ya no es tan hermosa, mientras la belleza de la juventud va desapareciendo.

‘Orígenes’ (Mike Cahill, 2014)

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Un medico está obsesionado con la investigación del ojo desde el punto de vista científico. No cree en nada que no sea demostrable. Para él el misticismo no tiene sentido y la vida no existe sin hechos demostrables. Pero el destino le lleva a empezar a creer en la manera misteriosa, karmica, que tiene la vida de enseñar y descubrir la esencia de algo que ya viene de muchos años atrás…

Conoce a una chica en el metro de Nueva York, ciudad en la que vive. Dirigiéndose hacia ella le pone los auriculares con la música que escucha en ese momento, y que será banda sonora de la película. Se enamoran al instante. Se van juntos y viven experiencias inolvidables. Construyen puentes para siempre. Aunque a causa de un accidente que le arrebata la vida a ella, suceden cosas que le harán cambiar la percepción de la existencia y su estudio del ojo al médico…

La sociedad decadente del siglo XXI


– El suicidio debería ser una opción más, un derecho ético, y no un hecho amoral, ilícito, fuera de la ética.
No le llames cobarde cuando en realidad es muy valiente. Cobarde es vivir así, en una sociedad decadente. Esa es la broma infinita, como dice David Foster Wallace… Vivir en una ilusión, en una competencia absoluta llena de hipocresía.
Tu que engañas a la gente, subes los impuestos para destruir el bienestar social adquirido, llenándote los bolsillos con el esfuerzo de los proletarios, y rompiendo en pequeños trozos los sueños e ilusiones de la sociedad. Eso sí que debería estar penado por la ley, y ser un delito.
Sin embargo, el suicidio, aunque no lo respetes, no es un delito, que te quede claro. Es un derecho, como la eutanasia que tanto quieres prohibir.
Sólo las leyes escritas por corruptos pueden crear algo ilícito. Como no te permite disfrutar, eliminas esas opciones.
Mientras, te estás riendo del mundo; tus ingresos aumentan, a costa de la pobreza global. No te interesa reducir las enfermedades, porque las farmacéuticas ya están para cubrir el probrema: medicando crees que se soluciona el problema creado por tu incompentencia política y social (más bien humana), para beneficio tuyo en detrimento de la sociedad. Por esa razón aumentan los beneficios que tanto te preocupan, que quieres obtener. No serías “nadie” sin la ayuda de los que maltratas. Pues no deja de ser un maltrato el usurparle al soñador su sueño.
Por esto, y por muchos motivos más, el suicidio (como la eutanasia) debería ser legal en una sociedad democrática.

Stockholm Stories (Karin Fahlén, 2013)

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… Un escritor, un soñador, quiere que le publiquen, que le lean, pero no lo consigue. Aunque lo intenta de mil maneras, no consigue lograrlo en su decadencia, perdiendo la esperanza deshaciéndose de su obra, tirándola desde lo alto de unas verjas. Los rechazos son continuos y le hacen llorar.

… Una mujer gana un premio para su hija, pero se lo arrebata un hombre porque dice que tiene su número. Ella está obsesionada con el premio e intenta conseguirlo con insistencia, de manera casi infantil, llegando a la violencia.

La luz y la oscuridad del día y la noche son los pensamientos, los sentimientos y las dudas existenciales de cada uno de los personajes, que sufren por vivencias (que para ellos son importantes), por deseos no realizados e incompletos.

Las vidas de estas personas, que vagan por la ciudad de manera entrelazada, se van uniendo poco a poco. La muerte aparece de improviso en ellas y se hacen conscientes de la realidad en la que viven. Quizá logran ser más felices a partir de ese instante…

Paseo otoñal lluvioso

El paraguas nos resguarda de la lluvia, que sigue mojando el suelo con las gotas al caer sobre la arena, donde dibuja agujeros pequeños; los zapatos mojados, llenos de arena, no son muy adecuados para el agua, ni para pasear sobre la playa. Es algo que no importa. Lo que importa es el paseo y la conversación entre las olas y la lluvia. La temperatura es óptima, unos 14º C. No hace frío, pero tampoco calor, por la humedad.

‘Una semana de vacaciones’ (Christine Angot, 2012)

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Un beso de él le da la elegancia y el saber estar que necesita. O eso le hace creer. Porque en realidad la somete, la obliga, lo hace para que sea sumisa y tenga relaciones sexuales con él. No es una relación justa, ni cariñosa. Ni siquiera consentida.

Ella es menos fina porque es inmadura, es inocente, es una niña. El juega con su saber para manipularla y jugar con su piel tersa e inmaculada. Se deja llevar sin apenas saber qué es el sexo, sin conocerse apenas.