Cena y comida con O.

Cenamos ensalada de atún. Delicias vegetales sobre la mesa como: rúcula, canónigos, tomates, ensalzado con salsa de mostaza y miel. No recuerdo haberla probado antes. Está deliciosa.
O. y yo vemos la televisión: una miscelánea de películas que vamos intercalando haciendo zapping. Nada interesante.

Al día siguiente preparamos pasta con queso y albahaca mientras escuchamos canciones en youtube.  vemos trozos de Muchachada Nui con los que reímos mientras comemos. Después tomamos un capuchino.
Más tarde, conduce su Megane y me lleva a casa.

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Conversaciones sobre la intención

Conozco o vuelvo a encontrarme con alguien de la infancia. Muchos recuerdos. Damos una vuelta por la playa un día soleado.Mucha charla sobre el pasad.

Al día siguiente quedo con mi amiga Olaia para pasear y con Dana, su perra, que se quita sola el collar y cuesta mucho volver a ponérselo.  Un señor que se queda mirando un rato va donde ella y se acerca y se tumba tranquila, cuando podemos poner el collar para atarla y volver a casa. Mucha charla sobre el futuro. mi falta de constancia mi poca atención a algo. centrarme en algo es lo que necesito. Lo hablo ese mismo día con mi madre. Necesito concretar algo para ir tirando por ese camino. Y ver qué ocurre. No es bueno andar picoteando de manera constante varios lugares sin rumbo fijo. Así no suele llegar. Aunque puede que sí…

Actitud destructiva

Esto se está convirtiendo en mi pequeño diario: el que tuve y perdí; en el que escribía, pero que abandoné cierto día hace más de diez años ya.
A veces recuerdo las cosas que pensaba, y todavía las pienso. Sigo meditando demasiado las cosas para una mente con funciones habituales. Creo que debería bajar el nivel de pensamientos que surgen en ella, pues sucumben y se lían de manera descontrolada.

Vivir de manera salvaje sin pensar (en inglés podría traducirse algo así como: “be wild and don’t mind”) es una forma bastante impulsiva e intensa de reaccionar ante los hechos que vivimos en la existencia. Esa intensidad puede ser casi algo mortal, porque puede transformarse en algo positivo o negativo. En mi caso, a veces, surge lo negativo, que es muy explosivo. Y peligroso.

Cuando bebo no razono demasiado. Hago las cosas de forma desordenada y sin sentido. Mi corazón no actúa del mismo modo. Y luego me arrepiento de haber actuado con esa actitud destructiva.

Tenemos aún que aprender mucho sobre la voluntad, la inteligencia emocional, la tendencia de crear pensamientos que no permiten que construyamos algo que nos haga llegar a tener una evolución adecuada. Una sensación sana.

Aparece I. que estaba desaparecido en combate desde hace semanas, que me había dicho para quedar y tomar algo, sólo hablar. De repente, entre todo este surrealismo, llega un mensaje al Whatsapp diciéndome a ver si podemos quedar esta tarde. Soy tan sensible a eso…

… Después del reencuentro es renovarse o morir. Empezar de nuevo. Esa es mi propuesta. Tengo que aprender muchas cosas de esto. Desde el 16 de noviembre, y más allá incluso, hasta hoy, día 26 de abril, he repetido ciertas conductas negativas, destructivas conmigo mismo. Creando mucho daño en mí y en los demás. Un proyecto de amistad duradera con I., después de haber conversado sobre el asunto de manera constructiva.

Sobre la vida animal doméstica

Unas nécoras, cigalas, cangrejos o lo que sean, ya que no distingo muy bien entre los distintos tipos de marisco, están vivos en el fregadero, viviendo sus últimas horas, desconociendo su porvenir, su futuro incierto. De hecho, su futuro no existe. Esos seres marinos van a ser asesinados, hervidos en la cazuela sin poderse defender.

Es muy duro sentir esa vulnerabilidad para mi. Es algo cruel. Un instante en el que pones el fuego y poco a poco van pereciendo por el calor, poniéndose rojos esos seres cuya meta era vivir en el mar tan tranquilos.

El ser humano con los animales se comporta de un modo extraño. Los asesina para comer o por gusto: véanse los toros, entre otros ejemplos.

Si somos humanos, tenemos razón para discernir en principio la realidad, ¿por qué se cometen tantos actos injustos?

Cena con O. y pensamientos solubles

Esta vez llamamos a un restaurante chino y pedimos como otras veces, por comodidad, que nos lo traigan a casa.
La comida que cocinan en estos lugares (que no tiene de china más que el nombre), como suele ser común, es bastante grasa y no nos agrada demasiado, pero hay que cambiar: no podemos volver a pedir pizza, sushi, pizza… aunque quizá habría sido más saludable repetir sushi, por ese pensamiento de que es crudo, más sano, menos grasiento… Tal vez me equivoque en ese aspecto, pero sin tantas salsas el organismo no sufre de la misma manera. Quizá sea más sano comer eso que lo otro tan condimentado. Es mi opinión. No tengo la pócima para nada. Ni siquiera la tengo de las cosas que parecen ser sencillas para mi, de los temas que parezco conocer mejor. Pues todo es una continua incertidumbre en la vida: desde la vida laboral hasta lo emocional, pasando por las relaciones. Mejor no darle tantas vueltas, me dicen, pero no puedo evitarlo. Son muchos los pensamientos que fluyen en mi mente y no puedo  controlarlos.

Desayunamos fresas y plátano troceados con unos bollos tostados con virutas de chocolate y de bebida, un capuchino soluble.

Día del libro

Hoy parece ser que, como cada año, es el día del libro. Parece que todo el mundo lee este día, que todos leemos mucho durante todo el año. Sin embargo, han bajado las lecturas en papel y ha aumentado la del e-book, o libro electrónico en castellano.

Me pregunto si cada uno de nosotros leyera cada día algo, acumulando un número colosal de palabras y aprendizaje de cultura general, lograríamos ser dioses, genios, sacerdotes de lo supremo. Por más que leamos, sólo conseguimos saber que no sabemos nada. Eso decía Sócrates y no erraba. O al menos, estoy de acuerdo con esa reflexión que tomó hace tantos años… También es verdad que era otra época, pero no creo que haya cambiado demasiado en ese aspecto. Quizá otras cosas sí que son diferentes. Pero en el tema de la sabiduría, de la cultura, del aprendizaje, no habrá cambiado mucho.

Estoy leyendo ‘El hombre que se enamoró de la luna’, de Tom Spanbauer, del cual no había leído nada aún. Ha sido una recomendación y lo quise leer. Ya contaré en otra entrada sobre la novela algo.

Visita al hospital, comida y cena

Por la mañana madrugamos para ir a hacer una visita a mi tía en el hospital después de la operación. Parece que la operación ha salido bastante bien. Le han tenido que rapar la cabeza, pero el pelo puede volver a crecer.

Acto seguido, quedo con M. e I. que regresan de San Sebastián, de haber pasado una noche allí, conociendo la ciudad. Al verles me dicen que les ha gustado más Bilbao. Que tiene más vida, que hay más gente. Comemos un bocadillo de tortilla de patata.

Luego voy al curro y quedo con O. Cenamos pizza de nuevo como el primer día, pero esta vez con pimientos verdes y aceitunas, y más tarde vemos Allá Abajo, una serie de televisión.  Después nos dormimos.

Una tarde inesperada

Llegamos más tarde de lo habitual del paseo diario que realizamos por el barrio. Y Al., el hombre que viaja en silla de ruedas motorizada se acerca con A., para decirme que nos invita a su casa, donde está su mujer, de la cual sabemos algo pero no habíamos hablado demasiado.

Nos cuentan muchas cosas de todos estos años que llevan viviendo en ese lugar. Y a ella no le agrada demasiado el sitio, pero llevan como treinta años viviendo ahí. A pesar de ser una zona tranquila, ella añora su pueblo por alguna extraña razón. Dice que no conoce a mucha gente, porque no sale demasiado de casa y no se relaciona con los vecinos de manera más íntima. Ella suele tender a la depresión, pero hoy está bastante alegre y se comunica con empatía. Tengo una buena impresión de ella. No parece estar triste.

Su marido, a pesar de estar postrado en silla de ruedas desde hace mas de veinte años, es, sin embargo, todo lo contrario: muy positivo, siempre sonriente y conversador. Tienen un hijo que vive independizado ya. Se pone a fumar su cigarrillo de liar (como cada día que salgo a recoger a A. hacia las siete de la tarde), y toma una cerveza. Me invitan a una también, mientras que J. y A. beben kas de naranja, que era lo que en principio iba a beber, pero al ofrecerme una cerveza (una del Carrefour), me animo a tomarla. Nos ofrecen pastas, algo de comer, pero rehusamos a la invitación. En mi caso por tener las gomas -los elásticos- de la ortodoncia, pues me resulta incómodo comer con ellas puestas.

Estamos cerca de una hora charlando de cosas que nos afectan, como las ayudas técnicas al dependiente, la manera de vivir, el aceptarlo, del barrio, de cómo ha cambiado con las viviendas nuevas que han construido y de las personas que viven… Pero se nos hace corto, pues nos tenemos que marchar, ya que tienen que cenar y yo coger el autobús de vuelta para mi casa.

A pesar de ser un periodo de tiempo poco extenso, ha sido muy intenso para mi dulce corazón, pues me siento muy realizado y útil en este mundo. Me hace sentir esa situación algo especial dentro del mundo en el que vivimos. Siento que todo está conectado, que tengo mucho que hacer aún;  y que las personas son humanas, que tenemos que cuidarnos unas a otras;  y que mi trabajo es muy enriquecedor.

Volvemos a casa, le levanto a A. de la silla, le quito los “ganchos” a J., pues A. se los quita solo, y hablamos sobre la estancia en casa de Al. y su mujer. Realizamos un pequeño resumen que ameniza el último momento del día con esos comentarios de lo que hemos vivido ese tiempo.

Me alegra sentir todo eso en ese instante, esa eternidad, cuando el sol empieza a bajar su luminosidad, en esta tarde soleada pero fresca, con una temperatura suave de primavera excepcional.

Mañana será otro día. Espero sea también como el de hoy, al menos como el de hoy: sintiéndome vivo y con mucha creatividad.

Una mañana diferente sin mi madre

Me levanto, voy al Carrefour de compras con mi padre, y después, ya en casa, juego con mi hermano a un juego de ordenador, un juego de coches, con el volante y los pedales, como si se tratara de un verdadero coche. Parece que hago prácticas reales con el coche, y siento que me veo torpe conduciendo. Aunque me lo paso bien. En más de diez años que llevo con el carnet de conducir, no he conducido apenas, y tengo ganas de conducir, de sentir esa sensación de libertad que debe de dar hacerlo.

Sin mi madre un día entero porque se ha marchado a estar con mi tía que le han operado, sin verla, siento más conexión con mi padre y hermano. Quizá eso es bueno, pues normalmente acabamos discutiendo entre nosotros. Mi padre está tranquilo. Siento cierta conexión con los dos, cuando no suele ser habitual.

Visita al museo Guggenheim

Quedo con M. e I. para ir al museo Guggenheim, donde vemos la exposición temporal de Niki Saint Phalle (que muestra el mundo de la mujer, siempre sometida al hombre, donde la igualdad es inexistente en los diferentes sectores de la sociedad), entre otras exposiciones permanentes.

Más tarde, vamos a comer al mesón Lersundi, que les recomiendo por la calidad y precio que tiene. Después voy al trabajo en metro, y regreso al salir para volver a quedar con ellos, que ya están con Noe, su amiga, que trabaja con M. Y a la noche, después de cenar un bocadillo de setas, jamón, queso… muy rico, nos vamos de fiesta.

La noche anterior habíamos estado tomando algo por la ciudad, en la que están de visita. Ellos vienen de Mallorca, de un pueblo llamado Inca.  Ella de Toro, Zamora, pero reside en Inca por trabajo.