Cena con O. y pensamientos solubles

Esta vez llamamos a un restaurante chino y pedimos como otras veces, por comodidad, que nos lo traigan a casa.
La comida que cocinan en estos lugares (que no tiene de china más que el nombre), como suele ser común, es bastante grasa y no nos agrada demasiado, pero hay que cambiar: no podemos volver a pedir pizza, sushi, pizza… aunque quizá habría sido más saludable repetir sushi, por ese pensamiento de que es crudo, más sano, menos grasiento… Tal vez me equivoque en ese aspecto, pero sin tantas salsas el organismo no sufre de la misma manera. Quizá sea más sano comer eso que lo otro tan condimentado. Es mi opinión. No tengo la pócima para nada. Ni siquiera la tengo de las cosas que parecen ser sencillas para mi, de los temas que parezco conocer mejor. Pues todo es una continua incertidumbre en la vida: desde la vida laboral hasta lo emocional, pasando por las relaciones. Mejor no darle tantas vueltas, me dicen, pero no puedo evitarlo. Son muchos los pensamientos que fluyen en mi mente y no puedo  controlarlos.

Desayunamos fresas y plátano troceados con unos bollos tostados con virutas de chocolate y de bebida, un capuchino soluble.

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