“Sé que el cielo simplemente durará más que yo”.

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Una tarde de cartas con el señor de la sonrisa inocente

Jugando como casi todos los fines con B. a las cartas, y con el grupo del hospital, ha venido un señor de 87 años, que lleva dos semanas ingresado por una afección de cadera, ha venido para vernos con su cuidador, y se ha arrimado a mi lado, y se ha animado a jugar con nosotros. Parece que le cuesta bastante hablar, y se ve que es mayor por sus arrugas en la piel de la cara, pero muy simpático y alegre. Me miraba con una mirada muy risueña en todo momento. En algún momento he pensado si sería atracción, pues parecía muy profunda, muy carismática la manera de observar.

Confianza

O. me responde, después de haberle comentado cierta situación ocurrida: No le des más vueltas a eso. Lo importante es que te hayas dado cuenta. Tanto conmigo como con otras personas. Y te lo he dicho, yo antes de quedar por quedar valoro la amistad. Y es lo que creo que hay que cuidar.

La confianza es la tarea pendiente. Una lección que no es sencilla de aprender cuando una persona no confía fácilmente. Quizá sea más falta de autoestima que otra cosa.