“Mal genio” (Michel Hazanavicius, 2017)

Le redoutable, Godard Mon Amour, es una película que habla de la vida del director francés, Jean- Luc Godard, en el momento en el que realiza “La chinoise”, de 1967, una historia que se basa él como activista y director de cine (donde conoce a su novia Anne, una actriz), mezclando las ideas comunistas de Mao, y que anticiparía un año antes el cambio socio-político del mayo en 1968, en París.

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La película no recibe crítica positiva por muchas personas, pero en las manifestaciones tiene muchos fans que le valoran. Aunque él cree que ha muerto y que su cine no sirve para nada.

Tiene un carácter muy fuerte, un mal genio, como el título que se le ha puesto en castellano, porque es muy gruñón con las personas y bastante prepotente.

Con su novia Anne, también se comporta de una manera celosa. Cuando le llaman para rodar la película de Marco Ferreri titulada “El semen del hombre”, donde el actor italiano sale desnudo, la dice que no debería rodar desnuda. Aunque finalmente, ella debe salir vestida como consecuencia de un cambio de guión. Por lo que acepta realizar la película. Aunque él sigue celoso y le habla de mala manera.

Ella al final, le deja durante un año, y colaboran en la siguiente película, pero sigue siendo bastante conflictivo con sus actores de rodaje. Es muy complicado trabajar con él porque es bastante prepotente con las demás personas.

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Tiene que elegir o la política o hacer cine, sin mezclarlos. Hacer películas a su manera, sin hablar tanto de política o ser tan activista como era.

Decide hacer lo que la mayoría quiera.

Mató a Godard, mató a Jean- Luc.

 

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El paso de cebra

El otro día salí de casa sin esperar tener una vivencia muy positiva con un conductor que se acercaba al paso de cebra que iba a cruzar en aquel momento.

El chico iba conduciendo su coche por la carretera cuando se detuvo para dejarme pasar en el paso de cebra, porque empatizó conmigo, ya que fue consciente de mi intención de atravesar la calle habiendo un paso que me daba prioridad como peatón, para cruzar al otro lado para coger el autobús.

Al detenerse y cruzar tranquilo, sabiendo que había parado para cederme el paso, se lo agradecí sonriéndole al mismo tiempo que él me devolvió la sonrisa de forma amistosa.

Este acontecimiento en mi vida, supongo que a él le gustaría o sentiría algo similar, me hace creer en la bondad y la empatía de algunas personas, de que todas no son egoístas y se permiten ser solidarias.

Creo que el ser humano es capaz de empatizar ante situaciones que no tienen peligro para él mismo, sin necesidad de conseguir ninguna recompensa por ello. Es capaz de realizar actos generosos sin ánimo de lucro, de forma voluntaria.

“El reencuentro” de Gabriel Olivares

Ayer acudí al Palacio Euskalduna, en Bilbao, acompañado de mi madre, mi prima, mi tía y una amiga de ésta, para ver la obra de teatro “El reencuentro”, de Gabriel Olivares, protagonizada por Amparo Larrañaga y María Pujalte.

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Son dos hermanas que en 20 años no se han visto y se reencuentran volviendo a vivir todos los conflictos que tienen en sus vidas.

Una es amante del violín y antisocial, pues considera que relacionarse es de personas solitarias que no tienen nada que hacer. Es una mujer  perfeccionista que ama el orden, muy obsesiva y compulsiva con la higiene. La otra, sin embargo, es más descuidada y desafortunada en la vida, pues ha perdido muchas cosas en la vida, pero tiene mucha paciencia.

En la obra, las dos hermanas tan diferentes vivirán momentos muy entretenidos y divertidos que harán reír al público que la vea.

Vestimenta de la mujer islámica

Un día en la playa:

Después de que un día en la playa observé a un matrimonio musulmán con su hijo, me puse a pensar en el tema de la vestimenta de las mujeres islámicas y las diferencias que existen dentro de los distintos tipos de vestimenta que llevan.

Según llegaron, el padre y el niño se metieron al agua para jugar con las olas. En cambio, la mujer se quedó en la arena sentada observándoles desde fuera. ¿Es injusto que ella no se pueda bañar como lo hacen ellos? Pienso que es una decisión que ella misma debería tomar.

La mujer era islámica, ya que iba vestida tapada con un traje desde la cabeza a los pies: creo que llevaba un burkini, un vestido de baño (surgió de una idea muy popular que fue creada en el año 2003, por Aheda Zanetti, una diseñadora australiana de origen libanés). Es un vestido de mujer adaptado para ir a la playa, pero aun así, no se metió en el agua. Quizá fue decisión propia el no entrar con ellos, o quizá una creencia suya.

Al igual que el chador, únicamente cubre el cuerpo, pero no la cara. Sin embargo, el burka cubre todo el cuerpo y la cabeza. También existe otro tipo de ropa tradicional llamada niqab, que cubre todo menos los ojos para que puedan ver. Y lo que muchas mujeres más jóvenes llevan es el hiyab, el velo que cubre solamente la cabeza. Quizá es algo que se acostumbra a ver más en las mujeres que viven en países europeos y occidentales que se sienten más libres, por ejemplo, al no llevar ni burka ni chador.

Durante su larga historia, la cultura árabe parece que ha mantenido siempre ciertas costumbres basadas en tradiciones machistas construidas por el poder del hombre y el  poder omnipresente del dios Alláh.

Aunque también, y seguro que no por ese motivo, hasta hace poco tiempo, muchas mujeres, por ejemplo, del mediterráneo se ocultaban la cabeza con pañuelos por costumbre o moda. Por lo tanto, no es algo sólo de esa etnia, ya que ocurre con las mujeres que viven o profesan una religión y las que no.

La historia explica que, según Alláh, el dios musulmán, estas mujeres deben llevar el cuerpo y la cara tapados para mantenerse libres del deseo y posible pecado de los hombres.

Dice el Corán:

33:(59) ¡Oh Profeta! Di a tus esposas, a tus hijas y a las demás mujeres creyentes, que deben echarse por encima sus vestiduras externas cuando estén en público: esto ayudará a que sean reconocidas como mujeres decentes y no sean importunadas. Pero [aun así,] ¡Dios es en verdad indulgente, dispensador de gracia!

Una decía: “queremos que los hombres dejen de tratarnos como objetos sexuales, como siempre han hecho. Queremos que ignoren nuestra apariencia y que estén atentos a nuestras personalidades y mentes. Queremos que nos tomen por serio y que nos traten igual y no nos persigan por el cuerpo y lo físico.”

Mariposas

Ayer por la noche me di cuenta de que una mariposa nocturna (comúnmente llamada polilla) había entrado en mi habitación.

Como no era una araña o algún otro animal de los que me dan miedo, la dejé estar.

Pero hoy he vuelto a verla. Y como tengo mucha empatía y me da pena matarla, la he intentado coger, y al cazarla con la mano la he sacado por la ventana.

Pensando que ya había conseguido salvarla y liberarla después de un rato, he vuelto a verla, o quizá era otra diferente. Quizá se ha vuelto a meter o, tal vez, había dos.

En otro momento más tarde, ya no se encontraba ya.

Consumismo

Me parece algo muy injusto,

algo sumamente absurdo.

En la sociedad de consumo en la que vivimos, en algunas ocasiones, no parecen existir los límites y el exceso nos convierte en auténticos seres efímeros que se dispersan sin control por el espacio vital y personal.

Por eso mismo mucha gente se suicida, come con ansiedad o consume drogas de forma desmesurada; es adicta a los juegos de apuestas o gasta dinero sin pensar, compulsivamente. Por ejemplo: gastos en ropa o en objetos inservibles, perecederos, que se quedan obsoletos en poco tiempo porque no son útiles o se aburre de tenerlos. Esto se llama obsolescencia programada.

Zygmunt Bauman (que nació en Poznań, Polonia, en noviembre del año 1925 y murió en enero de 2017 en Leeds, Gran Bretaña) fue un sociólogo y filósofo de la posmodernidad que clasificó el concepto de “vida líquida”,  refiriéndose a ese estado efímero de permanencia de los automóviles, electrodomésticos, de las relaciones personales, de los trabajos… En definitiva, de cualquier cosa sustituible en el mundo actual.

Papelera llena: restos de basura

Creo que estamos yendo hacia una sociedad individualista, alocada, llena de incertidumbre en sus pensamientos y falta de discernimiento o coherencia en sus actitudes.

Es un objetivo necesario conseguir la educación global en valores humanos, que se ofrezcan y desarrollen las capacidades y aptitudes necesarias para mejorar y aprender en la vida y lograr una sociedad con diversidad de opiniones, sexualidades, formas de entender la realidad cultural, igualitaria y crítica.

Los jabones de mi abuela

Cuando era pequeño, mi abuela tenía en su casa, más concretamente, en su cuarto de baño, unos jabones de colores de la marca comercial Avon, que fue fundada en Nueva York en el año 1886 por David H. McConnell, un señor que vendía libros por catálogo y ofrecía un perfume con cada pedido/compra que hacían los clientes. Pero lo que más les gustaba a éstos no eran los libros, sino el perfume que con ellos les llevaba. Era un obsequio que de no tener más que un sentido simbólico, se convirtió en un objeto deseado y preciado.

Por lo tanto, creó una empresa de cosmética, para vender perfumes, lociones, jabones o champús, confeccionados con las formas de flores o de objetos religiosos, como por ejemplo: de tulipanes rosas y de ángeles azules, que son los que mi abuela tenía en su casa y podía olisquear.

Una curiosidad interesante sobre el nombre de la compañía. Avon está inspirado en el lugar de nacimiento de William Shakespeare (Stratford-upon-Avon), que era el escritor favorito de McConnell.

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Jabones con forma de tulipanes rosas

Me gustaba mucho el aroma que desprendían y me pasaba bastante tiempo oliéndolos con la vigilancia de mi abuela. Muchas veces cuando iba a su casa (no todos los días) abría la caja y los observaba, los olfateaba y cogía, pero los dejaba después de un rato de manera casi obsesiva. Era como con cualquier cosa que tuviera movimiento, siempre me hacía ilusión y me emocionaba el sentirlo. Al igual que con los olores (por ejemplo, los perfumes, las colonias, que me siguen fascinando por su poder evocador y trascendente hacia un mundo lleno de emociones, positivas o no) y los sonidos, todo ese tipo de cosas me hacían estar nervioso, alerta, como el niño inquieto que era.

Después de un tiempo los usábamos, disfrutando del olor que desprendían, pero creo que los tuvo guardados durante muchos años sin usar. Siempre presente ese sentimiento de aferrarse a algo, de guardarlo sin utilizarlo, el “por si acaso” hace falta en un futuro, ese miedo a perder algo y no soltarlo. Lo mismo que con la comida o con cualquier cosa material o monetaria.

Seguramente todas esas consecuencias eran por causa de haber vivido en la posguerra, en los años cuarenta y cincuenta, de haber vivido situaciones de pobreza y miedo. Por eso se puede entender ahora esa actitud sumisa ante la vida de las mujeres en la sociedad, por ejemplo. O esa costumbre de mantenerse siempre en lo que es correcto según la moral religiosa, en general, de hombres y mujeres.

Me da mucha pena que la educación fuera tan religiosa, tan estricta y tan poco abierta a la diversidad, tanto cultural como sexual, y que hubiera tantos estereotipos y prejuicios en esa infancia que no pudo desarrollarse de la misma manera que con la libertad que ahora se tiene. Aunque de alguna manera se sigue teniendo poca capacidad de elegir lo que uno quiere, espero que algún día todas las personas, desde que son pequeñas, niñas y niños, puedan evolucionar y ser creativas, abiertas con valores humanos como la empatía, la tolerancia o el respeto hacia las demás. Y puedan soñar con jabones y perfumes, disfrutando de su estela y aroma.

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Jabones con forma de ángeles azules