Pizza, American Horror Story y Sexo

Hace años, él era una cita constante en su vida. De la noche a la mañana, fueron de la nada al todo. Y después se apagó, de algún modo sin saber por qué. Quizá por las circunstancias personales de cada uno, que cambiaron algo.

Quedaban para cenar pizza, que compraban en el supermercado del barrio, y veían series en la televisión de su casa.

A veces eran pizzas de cuatro quesos, que es la que más le gustaba a uno de ellos; otras veces, de otros sabores diferentes, pero siempre eran congeladas o refrigeradas en el frigorífico, o también, para variar, ensaladas preparadas ya.

Para desayunar compraban cereales o galletas, y cuando uno de ellos se quedaba más tiempo en su casa (porque después ya iba derecho al trabajo) comía pasta o cualquier cosa que preparaba en su casa con él.

Eran American Horror Story o Looking, las series que vieron durante aproximadamente un año. Cada semana, los sábados o los viernes se juntaban en su casa. Y el gato, la compañía eterna de ambos, incluso algunas veces, se les unía en la alcoba.

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“Intimacy with Christ 3” Richard Scott

Hablaban durante horas, se reían a menudo y bromeaban sobre el sexo, que después tenían de manera alocada incluso. Aunque era bastante romántica la escena, con la pasión del momento, se llegaba a tener instantes de gran emoción sexual. Pero la sensualidad era imperante.

Después de casi un año volvieron a charlar, pero no han vuelto a verse. Aunque anhelan de manera poética el reencuentro. Tal vez no fuera similar ya.

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Viaje a Toulouse

Desde hacía unas semanas, Eder y yo, teníamos planeado viajar a algún lugar, aunque no teníamos muy claro a dónde. Habíamos hablado de visitar Sofía, en Bulgaria, Sevilla o Roma, en Italia, pero por determinadas circunstancias (mayor gasto, demasiada concentración de gente por la Feria, el clima…) desestimamos esas opciones.

Así que nos pusimos a mirar otras ciudades como opciones, y decidimos mirar la ciudad francesa de Toulouse, más conocida como ciudad rosa, otra opción interesante, que lo fue. Pues disfrutamos mucho conociéndola y descubriendo tantos lugares maravillosos en ella, como ahora explicaré.

El primer día, fue el sábado, 31 de marzo. Cogimos el bus para Hendaya, y allí con el tren SNCF francés, llegamos hasta Toulouse, casi dos horas más tarde de lo previsto, después de un retraso considerable de la compañía de transporte ferroviario.

Estación de tren en Bayonne

Cuando llegamos, sobre las cuatro de la tarde, dos horas más tarde de lo previsto, avisamos de que íbamos llegando al lugar, a los dueños del apartamento que habíamos alquilado para que supieran que habíamos llegado ya, y que si por alguna razón tenían prisa por irse, que nos dejaran las llaves y las instrucciones del mismo para localizarlo sin problema. No fue el caso tan desabrido y estuvieron esperándonos hasta nuestra llegada para contarnos un poco cómo funcionaban los utensilios de la casa y cualquier dato de interés general del viaje. Nos dejaron un mapa e información local, y nos dijeron dónde estaban algunos de los monumentos y  lugares más conocidos de la ciudad. Ya teníamos una pista, una ligera idea de cómo desenvolvernos en nuestra reciente estrenada visita.

Después de despedirnos de ellos, salimos del piso, habiendo dejado las maletas en el mismo, después de habernos mojado por la enorme cantidad de lluvia que había caído de repente en la calle, y salimos para realizar la compra de comida en un supermercado de Carrefour, para los cinco días que íbamos a estar en la ciudad.

Vista desde el apartamento, en la Rue Soufflot, Toulouse

Cuando volvimos, al igual que al salir, no llovía ni una gota, algo que, afortunadamente y para alegría nuestra, no volvería a ocurrir en todo el viaje.

Sin embargo, sabiendo que el día sería espléndido y soleado, sin realmente ningún sentido ni motivo, cada mañana que salíamos del apartamento, cogíamos el paraguas y lo metíamos en la mochila por si acaso llovía en algún momento durante el día.

Una librería en Carcassonne

Entre los sitios que visitamos, estuvimos viendo museos, tiendas de música, librerías antiguas (donde había reliquias literarias) y nuevas, también espacios artísticos, donde vendían pinturas, obras y objetos de arte muy diversos y originales, y una tienda de ropa a peso, donde compré unos zapatos negros italianos vintage, con punta.

Kilostock, tienda de ropa de segunda mano

En Toulouse visitamos los jardines japoneses, que me gustaron mucho por el toque oriental que tienen, ya que recuerdan a los de Kyoto, en Japón; también fuimos a visitar las iglesias y monumentos históricos y religiosos más representativos de la ciudad, como el museo de arte contemporáneo, Les Abattoirs,  y el de San Agustinos, el de Bellas Artes, que contiene arte desde la historia antigua hasta el siglo XX; aparte de los parques que tiene la ciudad, que son muy bonitos, donde paramos para comer algo y descansar de los largos recorridos en el camino.

Jardines japoneses en Toulouse

Al día siguiente, fuimos en tren a Carcassonne, la ciudad medieval, donde vimos un montón de fortalezas y edificios de la época y comimos unas galletas con trocitos de chocolate crujiente.

Fortalezas en Carcassonne

Al día siguiente estuvimos en Albi, donde nació y vivió el artista plástico Henri Toulouse-Lautrec, que comenzó a dibujar y pintar escenas del campo del lugar por influencia de un familiar, que le instruyó. Aunque más tarde emigró a París. Allí conoció la vida moderna, la noche de la ciudad y a sus habitantes, pintaba de una manera sensible, sin prejuicios, sobre toda esa escena de prostitutas, bohemios y artistas, gente que vivía en la calle, con los que compartía experiencias y aprendizajes.

Litografía, Museo de Toulouse- Lautrec, en Albi

A pesar de encontrarnos en Francia, decidimos comer en un restaurante coreano que Eder había encontrado interesante y bastante económico. Nos gustó mucho la comida del lugar, aunque no fuera lo típico de la comida francesa.

Boli Café, un restaurante coreano

Como recuerdo compramos unos imanes de la villa de Toulouse, con dibujos de flores violetas, unas plantas muy típicas allí, con las que realizan el sabor de los caramelos y los helados, decoran los vinos, las tiendas y las boutiques de la ciudad.

Gustoko en el BEC, 2018

Ayer visité la feria gastronómica denominada “Gustoko” , en el recinto ferial de Barakaldo, donde desde hace unos años, se exponen diferentes productos tanto de mar como de tierra, de Euskadi, y de distintas comunidades autónomas: Cantabria, Asturias, Castilla y León, Castilla La Mancha, Extremadura, Catalunya, La Rioja, Murcia, Madrid, Galicia, Andalucía, Aragón, Navarra y Valencia.

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La entrada valía dos euros (nos salió uno por el descuento del supermercado BM) y se entraba al lugar para degustar en los diferentes puestos que había: quesos, morcilla, jamón, txakoli, sidra, vino tinto, blanco, dulces, mermeladas de frutas y patés de verduras, golosinas, chocolates (me encantaron los de Josean, que también tenían infusiones y tés variados)…

Creo que lo que más había en los puestos era queso, de todos los sitios y de todo tipo: curado, semicurado, fresco, que a mi me encanta además, y probé de todos los sitios. Ví una crema de ajo con ali oli, con un color oscuro, que cuando la probé me gustó bastante y la compré.

También probé en una cata diferentes tipos de txakoli Gorrondona de Bakio, el más conocido con color amarillento- verdoso, que significa que es jóven, con 11, 5 º, y el oscuro, menos usual, más oscuro, como el vino tinto, con más graduación alcohólica, unos 12º.

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En las distintas catas que estuve me explicaron cómo es el proceso de la elaboración de los distintos vinos o txakolis, tanto en Bakio, en Bizkaia, Araba o Getaria, en Gipuzkoa.

Fue una visita muy sabrosa, dulce e interesante. Disfruté mucho de los amigos con los que fui y con las personas que conocimos.

Visitando Madrid

Como ya no tenía que trabajar el lunes de nuevo en el comedor, y suponía que no me iban a llamar esta semana (casualmente me han llamado hoy para ir a trabajar), decidí irme unos días por ahí para desconectar, pues me apetecía salir de aquí. Ya que siempre viene bien dejar la rutina para volver con nuevas experiencias vitales y renovarse de nuevo.

Así que hablé con mi amigo J. para visitarle en Santander de nuevo, que había estado hace unas semanas. Me comentó que le parecía bien quedar, pero me propuso ir a Madrid porque él tenía vacaciones esa semana. Así que no lo pensé demasiado, y compramos billetes de tren para ir desde allí. Pasé una noche en su ciudad y después salimos para Madrid.

Empecé el viaje en Santander, y de allí fuimos en el tren el lunes hasta Madrid, en la estación de tren de Chamartín, después cogimos la línea azul, la número 1 del metro, hasta Gran Vía, donde nos bajamos para ir a la calle Hortaleza, al hostal donde nos alojamos. No volvimos a coger el metro hasta la vuelta el día 14 de febrero, el día de los enamorados, a las 14 horas.

Cine/Teatro Capitol, C/ Gran Vía 41, Madrid

Recorrimos el barrio de Chueca, fuimos al teatro Capitol, donde vimos el musical titulado “El amor sigue en el aire” de Félix Sabroso, en el que actúan Alaska, Mario, Bibiana Fernández y Manuel Bandera; también entramos en distintos estudios de diseño y decoración muy interesantes, mirando discos, vinilos, libros y pinturas y obras plásticas en diferentes tiendas de arte.

Diferentes vinilos de bandas nacionales e internacionales

Estuve envolviéndome de cultura en la librería mítica de temática LGBTI de Madrid, llamada Berkana, que después de tantos años continúa abierta, a pesar de que últimamente ha descendido su atractivo por el desarrollo de la tecnología y las nuevas formas de comunicación.

Aun así, afortunadamente, muchas personas se acercan a ella a diario a ojear y comprar sus libros, películas y demás material cultural sobre la diversidad sexual en formato de papel, o en video. Muchas personas son conscientes del valor del formato analógico, tradicional, y el interés que tiene para nostálgicos y fans de lo antiguo.

Librería Berkana, C/Hortaleza 62, Madrid

También estuvimos tomando algo en Mama Inés Café, donde estaba la exposición del artista autodidacta navarro, Javier Melús, que desde muy joven ha pintado todo lo que ve y le ha interesado sobre diversos temas de la cultura popular realizando collages, como con el slogan de Coca Cola, un cómic, con dibujos animados (Bob Esponja, The Pink Panther), o con la revista de moda (Vogue) en este caso (como se puede observar en la imagen de abajo).

Mama Inés Café, C/ Hortaleza 22, Madrid (Exposición de Javier Melús)

Por la noche nos acercamos al Boyberry, un pub, para saludar a un amigo de J., con el que estuvimos hablando y un rato tomando algo, que es uno de los lugares más conocidos de la ciudad actualmente.

Existe un cuarto oscuro, donde los chicos pueden tener sexo, “glory holes”, y algunos días realizan fiestas temáticas, como la del “20×20”, vendiendo más económica la bebida a los más jóvenes, por ejemplo, también hay una zona chill out con camas, un sitio tranquilo para charlar, entre otras cosas, para el colectivo homosexual que allí se anima a asistir.

Este tipo de locales y fiestas, son diversas opciones a realizar para este público en algunas ciudades europeas (como en el Kit-Kat Club de Berlín), por muchas personas puede ser criticado y rechazado, visto como algo obsceno e inmoral, pero debe ser respetado (siempre que haya respeto entre las personas que lo realizan y dentro de la legalidad) y tolerado como cualquier otra práctica sexual o cultural  existente.

Boyberry, C/ Valverde 3, Madrid

También comimos en un restaurante llamado Vivares, muy interesante. Un menú con una comida muy buena y los camareros muy agradables.

De primero pedí risotto, de segundo unas albóndigas de bacalao con ensalada, y de postre una tarta de queso con mermelada de frambuesa muy deliciosa. El menú bastante económico: 11, 40 euros.

Y por la noche, estuvimos la última noche, en el bar Lakama, tomando una cerveza con otro amigo de J.

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Lakama, C/ Gravina 4, Madrid