Les souvenirs (Jean-Paul Rouve, 2014)

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Romain es un joven francés tranquilo de 23 años, estudia letras y escribe porque quiere ser escritor, aunque de momento le contratan como vigilante nocturno en un hotel. Comparte piso con un amigo que sólo quiere conocer a chicas para seducirlas sin importarle mucho la manera de hacerlo.

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Romain tiene una abuela a la que quiere mucho, por la que se preocupa cuando se escapa de la residencia en la que se encuentra. Ella se queja de que no la quieren, que por eso la han abandonado sola en ese lugar.

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El padre de Romain tiene 62 años, se acaba de jubilar y todo parece importarle poco en la vida. Se encuentra aburrido ya de haber trabajado tantos años; su madre hace yoga y éste cree que le es infiel con el profesor de yoga. Aunque no es cierto: sólo le quiere dar celos para que se preocupe más por ella por causa de la monotonía en la pareja.

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Una película francesa actual muy divertida, en la que las partes dramáticas se convierten en cómicas, y viceversa. Siempre con un entorno optimista, alegre dentro de los acontecimientos que ocurren al final.

 

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Incertidumbre

Recorriendo un camino en un parque del pueblo llamado Aldi, cerca de Toulouse, en Francia.

… Y más cosas – me decía.

– Quiero hacer mi vida, no estar con mis padres, quiero un trabajo más estable. Y tener mi espacio vital; cocinar mi propia comida, hacer yo mismo las cosas… que las hago, pero no me siento del todo realizado aún; sentir que soy libre, que no dependo de ellos.

– Me encanta sentir esa sensación de estar, de ser independiente, de vivir sin tiempo y sin presiones ante los demás. Sin depender de nadie. Aunque ¿acaso es posible no depender de nadie? Supongo que no, que es inevitable depender de los demás para socializar en esta sociedad. Por lo tanto, no somos libres del todo.

– A veces quieres salir, ir a algún sitio y no volver; otras quedarte. Salir, cambiar, hacer cosas diferentes. Ese es el deseo anhelado incombustible que tienes.

“Mouchette” (Robert Bresson, 1967)

Robert Bresson, del que ya hemos hablado en otras ocasiones, es un director francés que expresa las emociones del ser humano de una forma única y muy profunda. Considerado uno de los grandes directores del cine, por sus impresionantes imágenes y planos, por su sensibilidad a la hora de crear el objeto audiovisual.

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En este nuevo regalo cinematográfico, nos desvela la historia de una niña, llamada Mouchette, que vive con su familia en un entorno rural: un padre alcohólico que la maltrata, y una madre que está encamada, enferma de manera crónica. También tiene dos hermanos: uno es un bebé, que cuida con mucho cariño, pues su madre y su padre no lo hacen, a pesar de no tener muchos ánimos para hacerlo.

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La vida diaria de esta niña no es fácil, pues el entorno en el que habita es muy poco favorable para que lo sea. Por lo tanto, en clase, en la escuela, la profesora le trata mal porque no entona bien las notas del piano, y se ríen de ella, así que ella después, se dedica a molestar a sus compañeros, y no rinde como debiera, según dicta la escuela, influida por los dogmas y ritos de la religión de la época, de la moral de una sociedad católica; al igual que en la iglesia, en la calle, todos parecen tener algo contra ella, menos su madre que es la única que parece quererla. También cuando la violan, se muestra oposición al violador, pero luego muestra afecto y, finalmente, le abraza, expresando su capacidad de empatía, de bondad y compasión, a pesar del sufrimiento y maldad del mundo que hay contra ella.

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Por ejemplo, cuando va a la feria y se monta en los autos de choque, se lo pasa como lo que es: una niña, y es en esos momentos cuando disfruta realmente de su vida. Nadie le dice nada que le haga sentirse mal. Se siente feliz y libre en ese juego.

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Pero cuando muere su madre, y ve que la vida continúa igual, no ve esperanza en seguir en el mundo y mientras juega rodando por el campo envuelta en el vestido de su madre…

Piuma (Roan Johnson, 2016)

Quedé con un amigo para ir a ver una película italiana, de un ciclo que están proyectando estos días en la Sala BBK de Bilbao, y fue una gran sorpresa ver esta comedia italiana de la que no dejas de reírte en cada escena.

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No conocía ninguna obra del director Roan Johnson, pero sabe expresar con mucho humor los conflictos cotidianos de una familia actual, en Roma, y en especial, sobre la pareja de los dos jóvenes que la inspiran.

Una pareja joven que vive su vida de manera habitual, se relaciona con normalidad con sus amigos, que buscan divertirse, viajar y no pensar en problemas ni en el futuro lejano, de repente, sin saberlo, la chica se queda embarazada y empiezan a preocuparse porque no saben qué hacer: si tenerlo o no. Es una sorpresa inesperada para ambos (y para la familia sobre todo) que se preocupa por qué consecuencias tendrá, qué será lo adecuado sobre el destino de ese futuro bebé.

Entre idas y venidas, discusiones entre los padres de uno y de otra, la fisioterapeuta que está muy alocada, y los amigos de la pareja que quieren ir a Marruecos y hacer planes futuros de vivir en Barcelona, está la comedia cocinada.

En ningún momento te quedas sin la sonrisa. Es una comedia italiana muy divertida, transmite mucha frescura sobre el tema del aborto o las responsabilidades que tiene una pareja joven sin recursos todavía.

 

Visita a Santa Águeda

El 5 de febrero, es Santa Águeda, el Agate Deuna en euskera, Ágata en italiano, significa la buena, la virtuosa, que es una festividad que se celebra en nuestro entorno para conmemorar la memoria de esta santa, a la cual amputaron los pechos y la quemaron. Aunque luego resucitó con ayuda de la visión de San Pablo.

Ahora siempre se la recuerda como a una santa que ayuda en partos complicados, problemas en la lactancia o patología en los pechos.

 

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Santa Águeda, Zurbarán

 

Desde que era pequeño, cuando vivía en Zorroza, uno de los barrios más alejados de la ciudad de Bilbao, iba con los amigos y sus madres, vecinos con los que jugaba en el barrio durante toda mi infancia: Mikeldi, Sandra, Pili, Cristina, Lorena, Alex, Iratxe…

Según salíamos de casa, bajábamos y cruzábamos la carretera principal que va hacia Balmaseda, dejando atrás el edificio de la empresa de colchones “Flex”, donde cogíamos palés para hacer casetas en las huertas y campas de Siete Campas donde vivíamos, pero eso es otra historia, que quizá otro día cuente.

Pues, como decía, pasando por el que era conocido como el puente de “goma”, por Castrejana, que me daba un poco de miedo cruzarlo, porque se movía (ahora no sé si sigue existiendo) y subíamos al monte; o bien, íbamos por Cruces, que era un camino más tranquilo, por carretera asfaltada. Un año hasta fuimos por los tubos que transportan agua, de color verde, que sobrevuelan el río Cadagua. A mí ese día me asustó por lo peligroso que era ir siendo tan pequeños. Pero nuestras madres no parece que vieran el peligro en ello…

Hoy, de nuevo, después de muchos años sin ir, he ido con mi madre, mi prima Amaia y mis tíos, desde Portugalete en metro hasta Cruces, y luego ya andando hasta la ermita. No ha llovido más que al inicio un poco del paseo; después ha salido hasta el sol, aunque el día era frío.

Para finalizar la jornada, hemos comido en casa de mis primos con los niños, que no habían subido (y se han quedado con su padre) al monte pensando que llovería.