CSNY Déjà Vu (Bernard Shakey, 2008)

Crosby, Stills, Nash and Young, es uno de los grupos que ha marcado historia y ha conseguido un gran éxito en la fama del rock, desde los años 60, al igual que otros como, por ejemplo: The Beatles, The Rolling Stones, The Doors, Pink Floyd, o artistas en solitario como David Bowie, Patti Smith, Kate Bush…

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En aquellos tiempos, en los que había un deseo y una ilusión por el amor libre, la libertad sexual o la paz mundial en todo el planeta, muchas bandas de música transmitieron todas esas emociones y esperanzas con todo el desenfreno que tuvo lugar en aquella época.

Todos estos grupos musicales (y muchas personas anónimas que les seguían – fans, fanáticos, incondicionales, admiradores, idólatras, groupies…- en las masas sociales que se crearon en la segunda mitad del S.XX) quisieron cambiar el mundo de una manera pacífica, promoviendo mensajes de respeto, amor o tolerancia entre todas las etnias o las diversidades culturales. Luego, también aparecieron gurús que eran adorados como dioses, como maestros de algo que aún no se sabía qué significaba, que querían cambiar el mundo de la misma manera, por arte de magia. Pero con el tiempo eso cambió, incluso muchos desaparecieron, para no volver jamás, y otros, convirtiéndose en adultos y conservadores empresarios, pasando de ser hippies a yuppies, perdiendo la esencia de la rebeldía que habían tenido en su juventud idealista, soñadora e inocente.

Sin embargo, algunas bandas de músicos, como CSNY, han mantenido ese espíritu y esa ilusión por el cambio del mundo (desconozco si sigue la misma profundidad en sus ideas tal como eran, pero en principio, parece que mantienen sus principios y valores) hacia estados de bienestar, paz y felicidad. Parece que confían en que a pesar del capitalismo (en el que ellos están también), y la existencia de las guerras, la de Vietnam, en su momento, posteriormente, la de Irak o Afganistán, se puede modificar la conciencia de la sociedad en el mundo.

Quizá en los años sesenta no se consiguió demasiado; tal vez fue un sueño que no se pudo realizar, pero ahora ellos han continuado, de nuevo, intentándolo, creyendo en ese posible, real y cercano cambio. En donde no existan las guerras y la sociedad esté llena de tolerancia y paz. Porque si se intenta conseguir algo, es importante ser constante en el cambio.

 

 

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Visita a Santander

Como ahora no trabajo y tengo más tiempo libre, decidí salir de aquí; dejar, abandonar mi habitación durante dos días para despejarme del polvo, por haber estado sin salir de este mundo, por haber estado trabajando en ese horario a jornada completa, complicado para poder hacer planes diferentes. Y como hacía mucho que no hacía una escapada corta a un lugar cercano, decidí irme a Santander a visitar a un amigo.

Cuando llegué, después de dejar la mochila (pues acostumbro a llevar poco equipaje en los viajes por comodidad), dimos una vuelta por el barrio pesquero, que no conocía aún, y comimos unas rabas y unas gambas, en El Vivero, un restaurante muy conocido de la zona.

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El Vivero, Santander

Después nos acercamos a La Gallofa, una mezcla de pastelería, panadería y heladería, para tomar un zumo natural. Aunque yo no quise tomar nada porque estaba lleno, y sólo pidió uno él.

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La Gallofa

El lugar era acogedor, y la decoración me gustó bastante. Se veía que estaba cuidada y que era un sitio bastante habitual de la gente que vive ahí y de los turistas que lo visitan a diario.

Me gusta perderme por las calles de las ciudades cuando las recorro sin saber por dónde voy. Es una sensación única que me hace sentirme tranquilo y feliz en ese momento de libertad, al estar andando por espacios nuevos y conocer a gente diferente.

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David Bowie

 

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Amy Winehouse

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María Jiménez

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Rocío Jurado

Por la mañana, antes de haber salido a comer, en el salón de la casa, decorado con cuadros y pinturas de los artistas que más adora como David Bowie, María Jiménez y Rocío Jurado, que no las conozco demasiado, pero para él son unas diosas maravillosas; al igual que Amy Winehouse, que la tiene en un cuadro colgada, una especie de collage con flores, en forma de calavera y con la melena alborotada, como solía salir en escenario, su cabeza revuelta, perdida en sueños que se han transportado a otros planos…

Ponemos música, y escuchando una recopilación de canciones de Mecano, me pongo a bailar y a saltar como si me hubiera tomado alguna sustancia estupefaciente o fuera un ritual mágico de alguna tribu salvaje de la selva o África.Estas cosas representan muchas de las ilusiones y sueños que tenemos y de las que nos gustaría poder tener o experiencias que vivir, acercándonos más a nuestros sueños, a todas esas ilusiones que anhelamos desde que éramos más pequeños, cuando no existian tantos miedos o las responsabilidades eran escasas o no existían, siendo temores menores.

Toda esa iconografía cultural que tenemos y que nos fascina nos conmueve, nos revuelve y nos hace ser más felices, mientras vemos esas películas, observamos esos cuadros y pinturas, leemos esas historias en libros de papel, de manera analógica o digital, aunque, evidentemente, aún preferimos lo analógico, pues podemos oler el aroma del papel (olor a nuevo o viejo/antiguo, que es como avainillado, según leí hace tiempo en un lugar) disfrutando del placer del tacto y el olfato.

 

 

 

 

 

 

 

Joy Division (o Ian Curtis)

Ian Kevin Curtis, artista, poeta oscuro, enigmático, siempre jugando con la muerte, describiéndola en versos, fuera y en compañía de su propio grupo llamado Joy Division; narrando paisajes desolados, abandonadas naves industriales en el Manchester de finales de los años 70; poemas, palabras llenas de misterio hacia el lado menos luminoso de la vida, o ¿quizá era para él la luminosa fuerza que le hacía ser tan creativo?

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Ian Kelvin Curtis singing

Seguramente, él sabía hacia dónde se dirigía su imaginación al crear esas arquitecturas tan emotivas y especiales.

Cuando canta la canción Decades, cuando dice: where have they been?, el sonido de la melodía me conmueve y desgarra, emociones con una enorme intensidad salvaje.

Unas melodías anhelantes que invaden nuestra mente hasta inciertos caminos que recorren caminos indefinidos y sin tiempo.

 

Un dia especial

Ayer quedé con mi amiga Olaia para comer después de que saliera del trabajo a las tres de la tarde.

Comimos en el Sirimiri, un restaurante al que nunca habíamos ido antes. Como siempre, nos gusta conocer lugares nuevos, pues probamos a comer en ese que teníamos en mente hacía tiempo.

El menú estuvo muy bien: para empezar unas ensaladas con verduras, de segundo plato, pechugas de pollo con pimientos rojos, ella churrasco con patatas fritas, y de postre piña natural ambos, que nos gusta comer porque es muy saludable por su vitamina C.

Me gusta ir a sitios diferentes a comer, conocer diversos lugares para aumentar el conocimiento de los distintos y descubrir otros ambientes gastronómicos para enriquecerme.

Después fuimos a tomar algo al Marvelous, un sitio muy agradable para tomar infusiones y tés y charlar un rato. Tomamos una infusión de jengibre y manzana (citrus ginger) y un té negro con vainilla, añadiendo leche.

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Marvelous, C/ Heros 18, Bilbao

Más tarde fuimos a la Alhóndiga (Azkuna Zentroa) a ver un concierto en vivo de Leonore Boulanger, una artista francesa, que va acompañada a la percusión/ teclado y a la guitarra con Jean-Daniel Botta y Laurent Sériès, los otros dos miembros del grupo.

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Se trata de música experimental, en la que los sonidos transmiten emociones, sensaciones producidas por objetos encontrados sin mucho sentido aparente, como en un ready made, cuando Duchamp reproducía esculturas y obras artísticas de manera azarosa, pero pensando en el significado que podían tener. Objetos que en principio no tienen relación pero se les da.

 

 

 

When you´re strange (Tom DiCillo, 2009)

El recorrido de una de las bandas más conocidas de la historia del rock, narrado como viajando en un coche por el desierto, escuchando canciones y hablando, bebiendo y fumando, como tantos ejemplos en el cine se han hecho, sin destino definido, por parajes desconocidos de otra época ya pasada que fue.

Jim Morrison y sus tres compañeros, representan todos los acontecimientos y vivencias de una manera intensa, veloz, acorde a otros tiempos, en un espacio donde existe mucha creatividad e imaginación, donde los sueños se realizan y la mente divaga hacia parajes ya destruidos.

Nace, de alguna manera, la psicodelia, esa música con sonidos raros, diferentes a los acostumbrados hasta ese instante, que nos hace divagar hacia lugares insospechados, poesía sonora, canciones visuales, coloridas. Se convierten en pinturas, fotografías, estampas llenas de luz y color que el arte adora.

Actualmente, no creo que esa capacidad de innovación en la música exista de forma tan extraordinaria como en esa época pasada que vivieron esta generación de jóvenes, al finalizar los años 60 y principios de los 70.

 

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La intensidad de las letras, de las canciones, los sonidos tan misteriosos y originales, tan fuera de una era determinada, atemporales todos, consiguieron cambiar y renovar la música que existía hasta ese momento. Esta banda fue un ejemplo increíble de evolución a nivel musical en el mundo.

“Call me by your name” (Luca Guadagnino, 2017)

 

Volviendo al verano del año 1983, en un pueblo de Italia, un adolescente de 17 años vive con sus padres en un lugar idílico, lleno de luz y color, con un sol que resplandece cada día, se pasa el tiempo leyendo libros de filosofía y meditando con absoluta libertad, nadando en la piscina y escuchando música en su cuarto, como si estuviera perdiendo el tiempo en sus ensoñaciones veraniegas.

 

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Cuando llega Oliver, un ayudante de su padre en sus estudios de arqueología, nace una atracción, al principio fría y distante, pero que luego se desarrolla en un encuentro romántico.

La belleza y sensual juventud de Elio y el encuentro que tiene con Oliver, el profesor que le ayuda a su padre en los estudios de arqueología, es mágica.

Pero Elio necesita aceptar que las cosas no son como él desearía, y debe aprender de esa experiencia para futuras posibilidades.

Al final, su padre le recuerda que se tiene que quedarse con lo positivo que ha vivido para seguir su evolución vital y personal.

 

 

 

 

Lucille Chung

Un día, una amiga me invita, ya que ha recibido dos entradas para ver a una pianista de la que no conozco nada, a asistir a un concierto de piano, en la sucursal de un banco. Ella me dice que es gente bastante elitista, y seguramente la mayoría son ricos que tienen cuentas en el banco y que les invitan a ir porque tienen sus ahorros en él.

Llego antes de la hora porque intento ser puntual a cualquier evento o cita a la que estoy invitado. En la cola están unas señoras y me preguntan si sé cantar, y les digo que no mucho. Dicen que seguro que lo hago muy bien, y que soy muy joven aún para empezar a cantar en un coro, que no parezco tener la edad que tengo. Yo me lo tomo como un gran halago y mi autoestima y mi sensación de felicidad y bienestar, evidentemente, aumentan bastante por momentos. Siempre viene bien que alguien te suba el ánimo y te  valore. Las personas mayores siempre son así: o te valoran de manera positiva, como en este caso, o negativa, echándote la culpa o creando conflictos porque están amargadas o enfadadas con la vida que tienen. Lo mejor es no tener rencor ni desear a nadie nada negativo. Creo que todo pasa por algo al final, que tiene un sentido. Por ello, creo que es mejor intentar ver y enfocar lo positivo de las cosas en la vida. Pues lo que no lo es, ya va a estar ahí presente (…).

Después de ese encuentro casual (o causal, no sé muy bien), mi amiga Ana aparece a la hora, un rato más tarde, y entramos al local. Todas las sillas están dispuestas de manera ordenada en filas, como en cualquier teatro o sala de conciertos habitual, y nos sentamos por el medio, evitando que alguien delante nos limite la visión. Es algo que siempre valoramos mucho cuando vamos a ver una película o algún concierto de música, por ejemplo. La capacidad de poder verlo todo lo máximo posible. Estar en el mejor sitio para ver la obra o concierto es sumamente importante, para no perder detalles que pudieran interrumpir la comprensión de la actividad artística o cultural. Cuando parece que hemos encontrado el sitio ideal, que no lo es finalmente, pues luego vemos que las cabezas de los que están sentados delante nos molestan, empezamos a escuchar el piano. Es muy inquietante e incómoda la situación de no poder visionar completamente un plano en una película o las manos de la pianista en este caso mientras está tocando música. Pero algunas veces es inevitable controlar eso, es difícil, y lo mejor quizá sea estar en primera fila, pero siempre no se puede, ni se desea, esa localización espacial.

A pesar de esas pequeños obstáculos en la visión del concierto de Lucille, el sonido no era evitado ni lesionado en ningún momento, por lo que disfrutaba plenamente del mismo. Entiendo que es algo muy especial descubrir a una pianista que transmite ese tipo de emociones sin haberla apenas escuchado previamente. tiene mucho poder de atracción, el observar un concierto de piano en una sala tan fascinante como en la que estuvimos. Me enamoré del acomodador, con barba y gafas de pasta, un poco hipster, quizá, de una elegancia y educación extremas. Antes de ir me puse algunas canciones para saber cómo sonaba su música, y me fascinó.

Una tarde de música contemporánea me lleva a conocer a Lucille Chung, una pianista canadiense, de ascendencia coreana que me deleita con su sonido desde el primer sonido, desde la primera nota musical que toca.

Es un auténtico placer poder escuchar esa música que transporta hacia otros parajes inesperados, donde existen sonidos únicos e imaginarios.

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Una danza es creada con sus dulces movimientos de manos, y la fuerza o cierta violencia con que algunas ocasiones toca, de manera elegante y acompasada.

Al finalizar, el mismo chico alto y atractivo, que estando de pie, le regala un ramo de flores, con su gesto elegante, y que también acomoda y ayuda a las personas a sentarse.