Viaje a Toulouse

Desde hacía unas semanas, Eder y yo, teníamos planeado viajar a algún lugar, aunque no teníamos muy claro a dónde. Habíamos hablado de visitar Sofía, en Bulgaria, Sevilla o Roma, en Italia, pero por determinadas circunstancias (mayor gasto, demasiada concentración de gente por la Feria, el clima…) desestimamos esas opciones.

Así que nos pusimos a mirar otras ciudades como opciones, y decidimos mirar la ciudad francesa de Toulouse, más conocida como ciudad rosa, otra opción interesante, que lo fue. Pues disfrutamos mucho conociéndola y descubriendo tantos lugares maravillosos en ella, como ahora explicaré.

El primer día, fue el sábado, 31 de marzo. Cogimos el bus para Hendaya, y allí con el tren SNCF francés, llegamos hasta Toulouse, casi dos horas más tarde de lo previsto, después de un retraso considerable de la compañía de transporte ferroviario.

Estación de tren en Bayonne

Cuando llegamos, sobre las cuatro de la tarde, dos horas más tarde de lo previsto, avisamos de que íbamos llegando al lugar, a los dueños del apartamento que habíamos alquilado para que supieran que habíamos llegado ya, y que si por alguna razón tenían prisa por irse, que nos dejaran las llaves y las instrucciones del mismo para localizarlo sin problema. No fue el caso tan desabrido y estuvieron esperándonos hasta nuestra llegada para contarnos un poco cómo funcionaban los utensilios de la casa y cualquier dato de interés general del viaje. Nos dejaron un mapa e información local, y nos dijeron dónde estaban algunos de los monumentos y  lugares más conocidos de la ciudad. Ya teníamos una pista, una ligera idea de cómo desenvolvernos en nuestra reciente estrenada visita.

Después de despedirnos de ellos, salimos del piso, habiendo dejado las maletas en el mismo, después de habernos mojado por la enorme cantidad de lluvia que había caído de repente en la calle, y salimos para realizar la compra de comida en un supermercado de Carrefour, para los cinco días que íbamos a estar en la ciudad.

Vista desde el apartamento, en la Rue Soufflot, Toulouse

Cuando volvimos, al igual que al salir, no llovía ni una gota, algo que, afortunadamente y para alegría nuestra, no volvería a ocurrir en todo el viaje.

Sin embargo, sabiendo que el día sería espléndido y soleado, sin realmente ningún sentido ni motivo, cada mañana que salíamos del apartamento, cogíamos el paraguas y lo metíamos en la mochila por si acaso llovía en algún momento durante el día.

Una librería en Carcassonne

Entre los sitios que visitamos, estuvimos viendo museos, tiendas de música, librerías antiguas (donde había reliquias literarias) y nuevas, también espacios artísticos, donde vendían pinturas, obras y objetos de arte muy diversos y originales, y una tienda de ropa a peso, donde compré unos zapatos negros italianos vintage, con punta.

Kilostock, tienda de ropa de segunda mano

En Toulouse visitamos los jardines japoneses, que me gustaron mucho por el toque oriental que tienen, ya que recuerdan a los de Kyoto, en Japón; también fuimos a visitar las iglesias y monumentos históricos y religiosos más representativos de la ciudad, como el museo de arte contemporáneo, Les Abattoirs,  y el de San Agustinos, el de Bellas Artes, que contiene arte desde la historia antigua hasta el siglo XX; aparte de los parques que tiene la ciudad, que son muy bonitos, donde paramos para comer algo y descansar de los largos recorridos en el camino.

Jardines japoneses en Toulouse

Al día siguiente, fuimos en tren a Carcassonne, la ciudad medieval, donde vimos un montón de fortalezas y edificios de la época y comimos unas galletas con trocitos de chocolate crujiente.

Fortalezas en Carcassonne

Al día siguiente estuvimos en Albi, donde nació y vivió el artista plástico Henri Toulouse-Lautrec, que comenzó a dibujar y pintar escenas del campo del lugar por influencia de un familiar, que le instruyó. Aunque más tarde emigró a París. Allí conoció la vida moderna, la noche de la ciudad y a sus habitantes, pintaba de una manera sensible, sin prejuicios, sobre toda esa escena de prostitutas, bohemios y artistas, gente que vivía en la calle, con los que compartía experiencias y aprendizajes.

Litografía, Museo de Toulouse- Lautrec, en Albi

A pesar de encontrarnos en Francia, decidimos comer en un restaurante coreano que Eder había encontrado interesante y bastante económico. Nos gustó mucho la comida del lugar, aunque no fuera lo típico de la comida francesa.

Boli Café, un restaurante coreano

Como recuerdo compramos unos imanes de la villa de Toulouse, con dibujos de flores violetas, unas plantas muy típicas allí, con las que realizan el sabor de los caramelos y los helados, decoran los vinos, las tiendas y las boutiques de la ciudad.

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Incertidumbre

Recorriendo un camino en un parque del pueblo llamado Aldi, cerca de Toulouse, en Francia.

… Y más cosas – me decía.

– Quiero hacer mi vida, no estar con mis padres, quiero un trabajo más estable. Y tener mi espacio vital; cocinar mi propia comida, hacer yo mismo las cosas… que las hago, pero no me siento del todo realizado aún; sentir que soy libre, que no dependo de ellos.

– Me encanta sentir esa sensación de estar, de ser independiente, de vivir sin tiempo y sin presiones ante los demás. Sin depender de nadie. Aunque ¿acaso es posible no depender de nadie? Supongo que no, que es inevitable depender de los demás para socializar en esta sociedad. Por lo tanto, no somos libres del todo.

– A veces quieres salir, ir a algún sitio y no volver; otras quedarte. Salir, cambiar, hacer cosas diferentes. Ese es el deseo anhelado incombustible que tienes.

Existencialismo laboral- vital

Acabo de tener una entrevista para ser teleoperador haciendo encuestas por teléfono.
No me motivaba mucho hacerlo, pero quería probar. A la tarde me han dicho que me pase para hacer una prueba, pero me lo estoy pensando, porque no me apetece nada… No estaría mal el sueldo, pero llamar y hacer encuestas no me interesa ni me aporta mucho. Y aunque no hay que vender nada, es sólo hacer preguntas en encuestas,  ni hay que hacer un mínimo para cobrar un sueldo fijo base, no me motiva en absoluto nada ese trabajo. Y como me siguen llamando de la empresa que contratan los colegios para estar en el comedor con los niños, a pesar de no ser algo estable, me motiva más.

Aparte de que me da pereza estar engañando o molestando, preguntando a la gente tonterías, realizando encuestas que no me aportan nada. Creo que es un trabajo vacío e inhumano. Prefiero tener más tiempo libre, ganar menos dinero y poder disfrutar de planes (en compañía de amistades o en solitario), donde poder desarrollar mis inquietudes culturales y obtener un crecimiento personal.
No me gusta el mundo laboral, pues es demasiado injusto. Y en general, la sociedad actual, porque no sigue una evolución positiva ni humana. La incompetencia y poco respeto que los políticos tienen, interesados en el poder y el dinero, que no crean empleo, no fortalecen ni impulsan el progreso. Los empresarios, los jefes incompetentes en muchas ocasiones, se comportan como unos sinvergüenzas con su aire de superioridad con los empleados, que creen que no realizan su trabajo de manera adecuada, que no les valoran en su jornada, dejándoles con poca autoestima, inseguros, destruidos.

Y los muy capullos de mi anterior curro en noviembre me echaron, como si fuera una mierda, sin ningún sentimiento, sin ningún motivo. Pues que les den, no merecen que esté compartiendo con ellos. Me enfada un comportamiento tan poco humano.
Porque estoy también en contra de todas las ongs, asociaciones y fundaciones sociales, porque no todos, pero muchos por conseguir dinero, poder e interés funcionan. Y muy mal, la humanidad está fatal. Y yo quiero funcionar con humanidad solo. Y encontrar personas así, afines a mi manera de pensar.

No quiero ser negativo tampoco, pero vamos cada día de mal en peor; la soledad nos rodea, la apatía y la incomunicación social que vivimos en la era posmoderna junto con la globalización que nos inunda, empobrece los valores humanos y crea una decadencia social que destruye la tranquilidad y con ello, la sociedad del bienestar, en la que se supone vivimos.

Pero quiero hacer mi vida fuera de toda esa mierda sociopolítica. Prefiero tener menos y viajar. Ya que aunque sea necesario para vivir en este mundo, el dinero no es lo más importante.  Y con pequeños placeres se puede ser muy feliz.

Y quiero viajar ahora, porque mañana no sé qué pasará con mi vida.
Y quiero dedicar mi tiempo a cosas que me aporten, sinceramente.

Por eso mismo, creo que todo se convierte en política, y cuando consiguen el poder se creen dioses, omnipotencias y todopoderosas empresas. Intento ignorar el capitalismo, aunque inevitablemente estamos en él inmersos de manera indefinida.

Sé que es muy idealista mi opinión, pero creo en ella.
Sería feliz viendo películas, leyendo libros o paseando por bosques abandonados y playas desérticas, manteniendo conversaciones interesantes o viajando por paisajes maravillosos. No quiero nada más que eso: mis planes son pequeños, pero muy humanos y profundos, de verdad.

Hay gente muy buena, pero a veces no se valora.

Me dice:

–  Ya lo sé. Pero es por lo que has dicho antes. La humanidad está fatal. No cambies nunca.
– Eso me dice una amiga mucho, una que he conocido hace poco pero que la considero muy buena amiga. Tiene más edad que yo, y por eso quizá, conecte tanto con ella, porque la gente más mayor me transmite más. Y otra que siempre me lo repite por mi cumple o en otros días es mi madre, claro…

Visita a Santander

Como ahora no trabajo y tengo más tiempo libre, decidí salir de aquí; dejar, abandonar mi habitación durante dos días para despejarme del polvo, por haber estado sin salir de este mundo, por haber estado trabajando en ese horario a jornada completa, complicado para poder hacer planes diferentes. Y como hacía mucho que no hacía una escapada corta a un lugar cercano, decidí irme a Santander a visitar a un amigo.

Cuando llegué, después de dejar la mochila (pues acostumbro a llevar poco equipaje en los viajes por comodidad), dimos una vuelta por el barrio pesquero, que no conocía aún, y comimos unas rabas y unas gambas, en El Vivero, un restaurante muy conocido de la zona.

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El Vivero, Santander

Después nos acercamos a La Gallofa, una mezcla de pastelería, panadería y heladería, para tomar un zumo natural. Aunque yo no quise tomar nada porque estaba lleno, y sólo pidió uno él.

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La Gallofa

El lugar era acogedor, y la decoración me gustó bastante. Se veía que estaba cuidada y que era un sitio bastante habitual de la gente que vive ahí y de los turistas que lo visitan a diario.

Me gusta perderme por las calles de las ciudades cuando las recorro sin saber por dónde voy. Es una sensación única que me hace sentirme tranquilo y feliz en ese momento de libertad, al estar andando por espacios nuevos y conocer a gente diferente.

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David Bowie

 

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Amy Winehouse

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María Jiménez

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Rocío Jurado

Por la mañana, antes de haber salido a comer, en el salón de la casa, decorado con cuadros y pinturas de los artistas que más adora como David Bowie, María Jiménez y Rocío Jurado, que no las conozco demasiado, pero para él son unas diosas maravillosas; al igual que Amy Winehouse, que la tiene en un cuadro colgada, una especie de collage con flores, en forma de calavera y con la melena alborotada, como solía salir en escenario, su cabeza revuelta, perdida en sueños que se han transportado a otros planos…

Ponemos música, y escuchando una recopilación de canciones de Mecano, me pongo a bailar y a saltar como si me hubiera tomado alguna sustancia estupefaciente o fuera un ritual mágico de alguna tribu salvaje de la selva o África.Estas cosas representan muchas de las ilusiones y sueños que tenemos y de las que nos gustaría poder tener o experiencias que vivir, acercándonos más a nuestros sueños, a todas esas ilusiones que anhelamos desde que éramos más pequeños, cuando no existian tantos miedos o las responsabilidades eran escasas o no existían, siendo temores menores.

Toda esa iconografía cultural que tenemos y que nos fascina nos conmueve, nos revuelve y nos hace ser más felices, mientras vemos esas películas, observamos esos cuadros y pinturas, leemos esas historias en libros de papel, de manera analógica o digital, aunque, evidentemente, aún preferimos lo analógico, pues podemos oler el aroma del papel (olor a nuevo o viejo/antiguo, que es como avainillado, según leí hace tiempo en un lugar) disfrutando del placer del tacto y el olfato.

 

 

 

 

 

 

 

Sueños de colores

… Una corona para ponértela en la cabeza, y que los sueños salgan de ella llenos de colores, como pájaros que sobrevuelan tu imaginación de manera indefinida. Infinita.

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Esa sensación etérea de lo novedoso, algo original y distinguido, que te conmueve; poesía inventada en recientes ocasiones con motivo del encuentro estelar entre nosotros dos, unos desconocidos que previamente hemos sido presentados en el salón principal de la historia de la belleza.

 

Besos en momentos, de eternos momentos

Me encanta hablar con alguien de este tema; me excita más que siendo todo más  explícito como muchas personas quieren.

El comienzo de un beso tímido, en la mejilla; tierno, en la oreja; en los labios; mejor siempre largo. Lentamente se mueven los labios; el viento de fondo mientras llueve afuera; el beso tiene su punto inocente. Naciendo, siendo, surgiendo de manera espontánea.

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Me gusta ser eterno, intenso, visceral, en el momento del beso. Me apasiona besar despacio, sin prisa.

El sonido del latido del corazón, escuchándolo, de forma sensual, despacio; oliéndolo sin saber cómo es su olor, es casi ilógico pero real. Después, aparece ese momento maravilloso de lluvia, de agua escuchándose en la noche, en el tierno silencio.

Está desarrollándose esa sensación, esa emoción tan especial que me hace ser consciente del ritmo que hay. Me recuerda a la poesía que contemplo en las miradas sin final, al observar los silencios que  me conmueven, las palabras susurradas…

La respiración, suave, lenta, intensa, eterna, no efímera, la que permanece constante, sin prisa, sin agobios… La voz, la mirada profunda, sería algo mágico.

Bastian

Como alguna otra vez, encuentras a alguien muy especial, o esos momentos te hacen pensar, ver instantes que parecen inolvidables. Confías en que lo serán. Aunque tal vez en un futuro cercano, no lo sean.

Después de prepararme y salir de casa, voy a la parada de autobús, pero tengo que esperar al siguiente, pues lo he perdido sin saber muy bien por qué; a saber, estaba mirando el móvil distraído (el anterior había ya pasado), y me preocupo por si voy a llegar tarde al encuentro. Pero él me dice al cabo de un rato que tardará un poco más aún, por lo que no me preocupo demasiado de mi retraso.

Paso el Puente Colgante desde Portugalete hasta Las Arenas, donde me espera en la salida del metro, como habíamos quedado.

Es un día muy nuboso; llueve, y el viento nos arrastra por el camino de la costa por el que nos dirigimos paseando, mientras hablamos de arte, cine y temas culturales. Como se me ha olvidado, con las prisas, coger un paraguas en casa, me he comprado uno barato en los “chinos”, pero no aguanta tal presión, y después de varios intentos, se rompe y lo tiro a la basura, cuando llegamos más tarde ya al centro de la ciudad para tomar un té pakistaní y un “pintxo” delicioso de puerros y verduras, en el Twiggy, un café que me gusta mucho por su decoración psicodélica y vintage, al igual que el Stromboli, que está cerca.

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Comparándolo con una experiencia próxima puedes pensar que nunca lo habías vivido así, de esa misma manera, que es algo único e inmemorable, que permanecerá en el tiempo para siempre. Pero te das cuenta de que podrá desaparecer como llegó, y volver a anhelar algo tan especial y mágico e inusual. Lo sé porque ha ocurrido en más ocasiones y sé que habrá momentos como esos de nuevo. Pero me gustaría que las cosas permanecieran en ese estado durante más tiempo, que las emociones, que los sentimientos y pensamientos no fueran tan efímeros, tan líquidos como diría Zygmunt Bauman en su teoría del amor líquido y de la vida líquida.

Desenlaces inesperados

… Después de recibir esa noticia, me envían una carta para decirme los motivos del despido procedente para ellos (para mí improcedente). Alegan, entre otros hechos, que he cometido la falta muy grave de malos tratos de palabra u obra y el abuso de la autoridad a los trabajadores y a las personas usuarias, cuando no es cierto. Para mí, como les he respondido, es muy grave, efectivamente eso, pero en ningún caso ha sido así. Han querido meter a alguien en mi puesto por enchufe o algo parecido, o simplemente prescindir de un empleo para ahorrárselo directamente.

El hecho de que te acusen de maltratador cuando eso no es verdad, es bastante peligroso. Una persona no puede decir tan a la ligera que has maltratado a niños y adultos, incluso a compañeros de trabajo, que has hablado con mala voz e intención, sin respeto.

Me hace sentir pena, rabia, tristeza, que haya tanta maldad en el mundo, que ciertas personas por intereses varios, o no sé muy bien por qué motivos, mientan y manipulen la realidad de los demás, para hacerse con cierto poder y subordinación.

Sin embargo, la vida es sabia, y siempre los cambios crean otros caminos, otras perspectivas e ideas que nacen. Y de repente, me llaman para trabajar en el comedor, dos días, jueves y viernes, que desde junio que estaba en prácticas en el colegio (y no podía hacerlo), no me llamaban. ¿Es casualidad, sincronicidad?

Creo que las cosas pasan por algo, y que todo tiene cierta conexión cuando se relaciona con lo que aparentemente no tiene ningún nexo. El vínculo entre esos acontecimientos a veces carece de sentido, pero en el fondo lo debe de tener. Creer es crear, ya lo decía Santiago Pando.

Así que mejor ir hacia adelante, avanzar creyendo en uno mismo, recorriendo los paisajes y caminos que transmiten ese algo especial que nos ayuda, donde la luz, la alegría y la bondad nos iluminen y llegue llena de positivismo y tranquilidad mental.

 

“Video games”, descubriendo a Lana del Rey

Es escucharla y transportarme a otro tiempo, me fascina.  Esta canción me marcó mucho en el año 2012, antes de irme a Lisboa.  Aunque estando aquí, en mi habitación ya la escuchaba.

Salió a finales de 2011. Yo la conocí en febrero de 2012 y en marzo me marché a Lisboa. Cuando estaba allí siempre la escuchaba: ésa, born to die… y todas las que iban saliendo o encontrando por youtube.

Fue un sitio maravilloso. Me encantó. Tengo que volver. La escuchaba allí, y no sé por qué…

Sí, esa canción es una pasada, me transporta emocionalmente a otro mundo, como volver a una época primitiva, a la era más salvaje y libre en la naturaleza. Sentimientos de regresar a la infancia donde la inocencia es parte de la naturaleza.

Veíamos películas en lonjas y garajes donde guardaban bicicletas. Realmente eran cines alternativos habilitados para proyectar historias.

Lo inolvidable del recuerdo

Cuando parece que encuentras el anhelo lo pierdes lentamente. Quizá es algo tan vulnerable como una emoción que pasa mientras escuchas Sigur Ros, solo en la soledad de tu habitación. Sientes nostalgia antigua.

¿Por qué nos cuesta decir las cosas tanto? No creo que sea tan difícil ser claros, sencillos, hacer las cosas fáciles. Pero supongo que cada persona tiene un mundo en su interior que descubrir despacio, poco a poco, y algunas no saben cómo hacerlo, cómo recordarlo. Siempre intento encontrar el equilibrio en las cosas, cuando me pregunto o escribo algo, cuando me expreso lo que quiero y cuando hablo y comunico lo que siento dentro a los demás. Es una necesidad innata que tengo por decir al mundo, sacar de mis adentros toda esa palabra herida o desconocida, incluso desaparecida por el paso de los años.

El deseo latente en los momentos románticos que desprende emociones olvidadas.