Visita a Santa Águeda

El 5 de febrero, es Santa Águeda, el Agate Deuna en euskera, Ágata en italiano, significa la buena, la virtuosa, que es una festividad que se celebra en nuestro entorno para conmemorar la memoria de esta santa, a la cual amputaron los pechos y la quemaron. Aunque luego resucitó con ayuda de la visión de San Pablo.

Ahora siempre se la recuerda como a una santa que ayuda en partos complicados, problemas en la lactancia o patología en los pechos.

 

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Santa Águeda, Zurbarán

 

Desde que era pequeño, cuando vivía en Zorroza, uno de los barrios más alejados de la ciudad de Bilbao, iba con los amigos y sus madres, vecinos con los que jugaba en el barrio durante toda mi infancia: Mikeldi, Sandra, Pili, Cristina, Lorena, Alex, Iratxe…

Según salíamos de casa, bajábamos y cruzábamos la carretera principal que va hacia Balmaseda, dejando atrás el edificio de la empresa de colchones “Flex”, donde cogíamos palés para hacer casetas en las huertas y campas de Siete Campas donde vivíamos, pero eso es otra historia, que quizá otro día cuente.

Pues, como decía, pasando por el que era conocido como el puente de “goma”, por Castrejana, que me daba un poco de miedo cruzarlo, porque se movía (ahora no sé si sigue existiendo) y subíamos al monte; o bien, íbamos por Cruces, que era un camino más tranquilo, por carretera asfaltada. Un año hasta fuimos por los tubos que transportan agua, de color verde, que sobrevuelan el río Cadagua. A mí ese día me asustó por lo peligroso que era ir siendo tan pequeños. Pero nuestras madres no parece que vieran el peligro en ello…

Hoy, de nuevo, después de muchos años sin ir, he ido con mi madre, mi prima Amaia y mis tíos, desde Portugalete en metro hasta Cruces, y luego ya andando hasta la ermita. No ha llovido más que al inicio un poco del paseo; después ha salido hasta el sol, aunque el día era frío.

Para finalizar la jornada, hemos comido en casa de mis primos con los niños, que no habían subido (y se han quedado con su padre) al monte pensando que llovería.

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Subida al Pagasarri con O.

Amanece soleado y bastante cálido. Voy en manga y pantalón cortos. Cojo el tren a las nueve para estar a las nueve y media en Ametzola, donde he quedado con O. para subir al monte. Él nunca ha estado y quería conocerlo. Al llegar arriba como un sandwich que me ha preparado mi madre, y frutos secos, piña enlatada, y un plátano.

El descenso es más duro si cabe, pues mis pies están algo heridos. Me duelen los talones de apoyar el peso del cuerpo. Las zapatillas que llevo no deben hacerme bien en los pies, o es que no son de muy buena calidad. O que he andado demasiadas horas con ellas. Desconozco el motivo real, pero varias cosas pueden ser también.

Monte Goikogane

Goikogane

Amanece nublado. Salimos sobre las doce y media del mediodía. La ruta resulta ser muy interesante desde el momento de visualizarla y vivirla.

Empezamos desde Llodio iniciando la caminata por una pendiente continua, en algunos tramos más suave que en otros. Después de un par de horas llegamos a Goikogane, donde hay una cruz que marca la cima. Luego descendemos y visitamos el parque de Lamuza en el municipio,  que está bastante deteriorado por el paso del tiempo, donde cogemos el tren para volver a Bilbao hacia las seis de la tarde.

Paseo y conversación agradable

Paseo de tarde

Saliendo de casa se dirige al camino donde transitan personas en bicicleta y paseantes de largo recorrido hacia el este, donde la ruta del norte del país les lleva hasta la Catedral de Santiago en la conocida ciudad. Ahora se ve más gente de ese tipo que hace unos años. Parece que el impulso cultural que ha habido hace que la gente se anime a realizar esa excursión, que aún el escritor no ha intentado llevar a cabo.

Paseando entre árboles a ritmo ligero con brisa suave, las ramas ondean tranquilas, las hojas de los árboles van cayendo porque se acerca ya el otoño. El calor es bastante soportable a estas horas de la tarde. El sol se va alejando, pero las nubes lo cubren en su totalidad hasta el retorno, cuando se divisan ciertos rayos de sol que impactan con el paisaje logrando una etérea atmósfera psicodélica de nubes oscuras y claros en ambos lados del sendero.

El teléfono suena. La llamada es constante durante el trayecto salvo algunos momentos cuando el aire o alguna interferencia interrumpe las voces de los comunicadores. La conversación, que es agradable, trata sobre diversos temas y logra conectar con el momento de la naturaleza.

El caminante regresa a su habitación, después de haber terminado una hora exacta de su ruta, donde se relaja y se sumerge en una ducha refrescante que sacia su sed de libertad en las afueras de la ciudad. Las endorfinas llegan a unos niveles donde la calma se instala.

En el monte con M.

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Camino al Pagasarri, mayo de 2014

Un día interesante de excursión lleno de nubes, a ratos viento, pero sin lluvia. Encontramos los senderos lentamente, recorriendo: subiendo y bajando. Divertido paseo desde las doce y media hasta las seis de la tarde. Varias horas vagando por la soledad y el silencio del fresco bosque primaveral. El sol está tímido, como dice M. Creo que no quiere salir a saludarnos. Pero cuando lo hace nos regala un poco de su sabor, de su aroma.

Con el paso tranquilo pero sin pausa, uno entra en calor; al pararse para almorzar, uno se enfría y debe abrigarse en la cima. Después el descenso es más rápido, porque la gravedad ayuda. Parece que va a llover pero no lo hace finalmente. No nos ha hecho falta el chubasquero que previamente habíamos comprado en una tienda.

Ganerán (822 m)

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La mañana parecía completamente llena de niebla. Nada parecía suponer que nuestra salida semanal al monte fuera a producirse.

Sin embargo, pasadas unas horas, sobre las once horas de la mañana, el cielo parece clarear y salir el sol. Ponemos ruta a nuestra excursión y nos lanzamos al ascenso hacia La Arboleda, poniendo punto final en el alto de Ganerán.

Un día haciendo senderismo

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Me he despertado y he desayunado. Es pronto por la mañana. Tengo previsto salir al monte a pasar el día. Estoy contento porque ha salido el sol. Sé que el día me va a acompañar.

Preparo algo de comida y una botella de agua para beber. Mi amiga, con la que he ido de excursión al monte, me dice que es bueno beber agua después de hacer ejercicio porque el calcio disminuye y así se recupera.

Esta fotografía es el resultado del paseo, con un suelo bastante húmedo y lleno de barro por las lluvias de los últimos días. Los árboles, sobre todo eucaliptos y pinos, abundan en estos paisajes frescos de clima oceánico. Bosques en los que poder perderse y soñar.

Después de bajar del monte comemos un bocadillo y un cola-cao para recuperar fuerzas.