Abusos por homosexualidad

Todavía siguen existiendo muchos prejuicios y estereotipos sociales sobre la homosexualiad y, en general, sobre la diversidad sexual y las minorías étnicas. Continúa estando presente en la mente del inconsciente colectivo el miedo al qué dirán los demás. Todavía sigue teniendo mucha importancia en nuestra sociedad.

A pesar del avance generacional que ha habido en la educación, se sigue teniendo mucha desconfianza hacia lo que no se considera habitual o normal. Existen obstáculos a la hora de relacionarse y tratar temas sobre la homosexualidad, la bisexualidad o la transexualidad… Es decir, aunque se ha empezado a aceptar de manera generalizada la diversidad sexual y a las minorías, rechazadas hasta ahora, se siguen discriminando e ignorando a las personas que no entran dentro de la “norma”, en la heteronormatividad.

Por lo que siempre se ha pensado que alguien homosexual estaba enfermo (hasta el año 1973, hace unas pocas décadas lo consideraba la ciencia) pero sin ningún motivo real.

También se decía, en general, que estas personas, cuando trabajan con la infancia, en el ámbito educativo, o en el social, son más proclives a cometer abusos, y tener más posibilidades de ser violadores, maltratadores y/o cometer actos de ese tipo en centros escolares, sociales o de cualquier ámbito.

Todos esos pensamientos son falsos y no permiten que la sociedad avance hacia la aceptación, respeto y tolerancia de estos colectivos excluidos y rechazados.  Porque no hay ninguna teoría que lo confirme.

Lo más importante es educar desde la infancia en valores que defiendan la libertad de elegir lo que se desea, lo que se quiere/siente que se es en la vida. Y no se debería haber permitido herir y hacer sufrir a personas que tienen esa diferencia, pues todos somos únicos y aportamos distintas opciones en cada realidad.

La diferencia aumenta las capacidades de las personas. Por lo tanto, ésta enriquece y aporta más creatividad en la sociedad.

Conocerte, un día cualquiera

Una excitación cuántica, después de leerte.

Una belleza etérea me excita, confirmo al observarte.

Una eyaculación sobre paisajes de la antigüedad, hermosos y perdidos efebos que trascienden en profundas dimensiones abstractas.

Una charla trascendente, un café que suaviza las emociones, una ruta de senderismo por el acantilado, el aire de la costa en una playa, el sentimiento de libertad en la cima de un monte, una deliciosa cena en buena compañía, un concierto que despierta emociones latentes, una película en un cine a oscuras respirando el perfume maravilloso de la otra persona, una siesta en un lugar magnético, un sonido surreal, una mirada hipnótica y misteriosa que no termina, un abrazo que envenena de amor, un beso suave y dulce, las palabras y experiencias que se recuerdan.
Una actitud crítica, positiva y constructiva

Una faz hermosa y exótica, eternamente poesía maravillosa.

Incertidumbre

Recorriendo un camino en un parque del pueblo llamado Aldi, cerca de Toulouse, en Francia.

… Y más cosas – me decía.

– Quiero hacer mi vida, no estar con mis padres, quiero un trabajo más estable. Y tener mi espacio vital; cocinar mi propia comida, hacer yo mismo las cosas… que las hago, pero no me siento del todo realizado aún; sentir que soy libre, que no dependo de ellos.

– Me encanta sentir esa sensación de estar, de ser independiente, de vivir sin tiempo y sin presiones ante los demás. Sin depender de nadie. Aunque ¿acaso es posible no depender de nadie? Supongo que no, que es inevitable depender de los demás para socializar en esta sociedad. Por lo tanto, no somos libres del todo.

– A veces quieres salir, ir a algún sitio y no volver; otras quedarte. Salir, cambiar, hacer cosas diferentes. Ese es el deseo anhelado incombustible que tienes.

“El diablo probablemente” (Robert Bresson, 1977)

La vida de Charles, un joven de 20 años, pasa inadvertida en el París de los años setenta, donde habita. Parece que no encuentra algo que le motive realmente para vivir. Está desmotivado, triste, ante el futuro de la humanidad. No encuentra nada que le haga pensar en algo positivo.

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Se relaciona con un grupo de jóvenes de su edad, que luchan por cambiar la sociedad: asisten a charlas políticas, van contra las guerras y el desarrollo de las centrales nucleares, están a favor del ecologismo, y contra la contaminación de petróleo en los océanos, entre todos esos temas del capitalismo y la decadente sociedad contemporánea del siglo pasado. Pero aun así, ningún tema le convence ni le atrae para luchar y cambiar la situación social y vital de su vida. Se mantiene indiferente a cualquier ideología, no se involucra demasiado. Ve la vida pasar sin aparente sentido.

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Asiste al psicoanalista para que le ayude con su terapia, pero en vez de ayudarle, éste le achaca el problema de depresión y aburrimiento, a que ha tenido abusos en la infancia. Por lo tanto, Charles decide dejar la terapia porque cree que no le aporta nada.

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Su vida permanece como fuera del tiempo, su destino no es muy esperanzador…

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