Trabajando la intervención social

Un día por la mañana, trabajando, salgo de la oficina para hacer una visita a uno de los pisos de acogida en los que trabajo, y bajando las escaleras casi en el portal, me encuentro a un chico que ha venido a la asociación a pedir ayuda.

Me dice que vive desde hace tres meses en un municipio de Bizkaia con su hermano y un amigo de Camerún, pero que no tiene ya más dinero para seguir pagando el alquiler del piso en el que se encuentran alojados.

Desde la asociación en la que trabajo, le han dado un papel para que vaya a otra asociación, donde le indican que allí le ayudarán con la comida o el alquiler. Le acompaño porque desconoce dónde se encuentra ese lugar, y le dan otro papel para derivarlo a otro sitio cercano, no sé si al comedor social.

Cuando salimos, me despido, y le indico dónde está ese otro lugar, donde ya espero que encuentre lo que necesita, al menos para continuar durante algún tiempo.

A veces no entiendo realmente cómo funciona la intervención social, pues no es algo sencillo por la complejidad que existe al intervenir y gestionar las realidades de las personas que viven en una situación de vulnerabilidad. Me pregunto si lo he realizado de la manera adecuada o no. Por lo que me entran dudas.

Supongo que como en muchos trabajos con personas (sin tener que ser en el ámbito social, pero el educativo o sanitario, por ejemplo) es complicado determinar algunas veces qué es lo correcto o no, pero lo importante es la intención con la que se actúa y la actitud que se tiene con una conciencia tranquila y honesta.

El acompañamiento personal e individual que hago es lo que más me motiva por el aprendizaje que hago con esas personas que han tenido experiencias complicadas en sus vidas.

Mi mayor ilusión es poder ayudar, escuchar y entender sus palabras, comprender qué es lo que necesitan, lo que les favorece de manera positiva para poder obtener un bienestar con una buena inclusión social.

Anuncios

Emociones y diversidad funcional

Por circunstancias de la vida y por mi personalidad, me he dedicado al trabajo, sobre todo, en el ámbito social y educativo. Es decir, es el trabajo con personas que trata de prevenir y mejorar las situaciones en riesgo de exclusión social a través de medidas socioeducativas.

Un ejemplo de un colectivo que puede estar en riesgo de exclusión es el de la diversidad funcional, que es el de las personas con una capacidad diferente, un modo distinto de ver las cosas a las que el mundo está acostumbrado a nivel sensorial, físico o intelectual, aunque para mucha gente es considerada una discapacidad,  una dificultad o un problema vital que prefiere ignorar y discriminar.

Siempre me  ha parecido muy interesante tratar de respetar y tolerar las diferencias, tanto culturales, sexuales o personales (física, intelectual…).

La labor humana y la conciencia social de poder cambiar el mundo para mejorarlo con una actitud generosa, por ejemplo, haciendo voluntariado,  permite sentirse feliz y realizado. Y, si además es posible dedicar ese tiempo también a través del trabajo, se puede conseguir una gran satisfacción personal por ello.

El amor es algo vital, es la base de todo eso. Y ahí está trabajando el amor, de manera consciente y libre, de un modo natural, sin miedos ni inseguridades.

Por eso creo que he sido siempre muy sensible y he tenido muchas ganas de poder ayudar a las personas con dificultades o conflictos en sus vidas, para mejorar sus relatos y experiencias, potenciar sus realidades, en definitiva, sus vidas y a ellas mismas. Pienso que la inteligencia más importante es la emocional, porque las emociones, sobre todo en los hombres, no se han desarrollado y se han escondido e ignorado por la educación machista que ha existido.

Creo que es importante expresar lo que se siente siempre con respeto y naturalidad, siendo y sintiendo lo que cada persona nota en cada momento. De esa manera, la humanidad se convierte en auténtica, transparente, verdadera, espontánea y sincera.

Se suele decir que si una persona es colaborativa, en cualquier ámbito, es solidaria, generosa, más cercana y abierta, es más sencillo lograr objetivos que mejoren y creen una evolución positiva personal y universal. Creo que es algo verdadero, pues si se piensa en cierto sentido, se logra un resultado similar.

Como decía alguien: creer es crear. Si se dirige energía con una intención positiva para conseguir ciertos objetivos, lo más probable es que se logren con esa intención en esa dirección. Por lo tanto, quizá tenga un resultado más efectivo algo si se pone en una dirección deseable.

Ayer, en el trabajo volví a reencontrarme con ese tipo de personas, que están como ausentes, el llamado trastorno del espectro autista o autismo (TEA). A mi me parece inadecuado nombrar trastorno a una manera diferente de vivir y de sentir de ciertas personas, que desde la infancia hasta que son adultos experimentan la realidad de una manera distinta a lo que se suele representar.

Estas personas no se relacionan demasiado con los demás, parece que la empatía está ausente, como su mirada. No parecen comprender el lenguaje no verbal, ni son capaces   de tener una socialización con las demás personas, realizan movimientos estereotipados y repetitivos (para ellas tendrá algún sentido, seguramente), y tampoco anticipan el peligro de una situación, como un bebé que desconoce el sentido del peligro.

Pero sí creo que sienten las emociones (a su manera especial, única, diferente) como el amor y la tristeza, también que tienen miedo, que sonríen, que son felices en su realidad. Es un trabajo enorme el del integrador/educador por empatizar, entender y respetar sus momentos, ritmos, necesidades y deseos al igual que cualquier persona.

Actualmente, con el largo recorrido evolutivo de la ciencia y la tecnología de estos años, se va aceptando más y se comprende mejor el concepto de diversidad funcional. Se va entendiendo que hay diferentes tipos de personas, que hay  que amarlas por cómo son a todas por igual. Del mismo modo que ocurre con la diversidad sexual o cultural, (la transexualidad ya no se considera como un trastorno, pero recientemente lo han pasado a considerar como una “incongruencia de género”, algo que no se comprende tampoco, pues no representa la realidad que es: diversidad sexual humana) entre otras minorías sociales y humanas, ya que se siguen reproduciendo y existiendo prejuicios y estereotipos, discriminando a las personas que tiene esas diferencias.

El valor humano del amor es lo esencial, y como decía el Principito:

Resultado de imagen de lo invisible a los ojos

“lo esencial, es invisible a los ojos”

Conocerte, un día cualquiera

Una excitación cuántica, después de leerte.

Una belleza etérea me excita, confirmo al observarte.

Una eyaculación sobre paisajes de la antigüedad, hermosos y perdidos efebos que trascienden en profundas dimensiones abstractas.

Una charla trascendente, un café que suaviza las emociones, una ruta de senderismo por el acantilado, el aire de la costa en una playa, el sentimiento de libertad en la cima de un monte, una deliciosa cena en buena compañía, un concierto que despierta emociones latentes, una película en un cine a oscuras respirando el perfume maravilloso de la otra persona, una siesta en un lugar magnético, un sonido surreal, una mirada hipnótica y misteriosa que no termina, un abrazo que envenena de amor, un beso suave y dulce, las palabras y experiencias que se recuerdan.
Una actitud crítica, positiva y constructiva

Una faz hermosa y exótica, eternamente poesía maravillosa.