La causalidad es un instante

La ley de Murphy, esa ley que sabe que justo en ese momento cuando menos te lo esperas, surge, entre estupefacción y sorpresa, lo imprevisto.

Puedes estar meses sin encontrar nada y justo lo encuentras en el menos adecuado momento; una entrevista desafortunada en el día menos favorable…

El día más aconsejable para tí, en el que mejor podría ocurrir eso que anhelabas, pasa desapercibido.

Sin embargo, la fecha que menos te esperas surge en el instante menos convincente posible, más alejado de lo deseado, desafortunado.

La lucha de la razón por la causalidad en la vida es el azar inconveniente que produce y seduce cada situación existente.

Comienza con la última decisión, donde no sabes qué decidir, hacia dónde dirigirte. Pues ambas cosas te interesan, pero sólo una puedes elegir en ese azar de la vida inconstante.

El inconsciente te seduce, te dirige hacia parajes que no conoces aún. Te dice una cosa ahora, pero después espera otra.

Te pierdes entre decisiones opuestas; momentos insalvables, pensamientos obsoletos. Es un conjunto de ideas expuestas sobre un tiempo infinito que despierta de su sueño frustrado en un pasado no creado todavía, no deseado.

Te llaman de una empresa para hacer una entrevista de tu perfil profesional. Pero tu tienes unos viajes pendientes que no quieres cancelar. Les comentas que has estado todo un verano esperando a esa oportunidad, pero nunca, ninguna apareció.

El verano en la playa anhelante de acción. Durante el otoño programabas planes que no entraban en esa cuestión; eran una llama de desconexión. Pero no los querías dejar por obligación. Disfrutar era la razón…

Decidías, después de todas esas consecuencias desafortunadas, de esos hechos ocurridos, dejabas que la vida fluyera a su ritmo. Te dejabas llevar por el sonido de las olas del mar, al ritmo de la marea, que inundara tus sueños de vitalidad, de bondad, de sinceridad y vida, olvidándote de la maldad, de la mortalidad, de la ligereza de las experiencias casuales que se viven como instantes que desaparecen lentamente en el espacio indeterminado.

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Encuentro fortuito con P. leyendo a Tao Lin

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Una mañana otoñal a finales de octubre, notando el aire fresco, se dirige a coger el tren para ir a clase como cada lunes y miércoles.

El sol va a calentar durante todo el día, porque no se perciben nubes, pero va abrigado porque en esos momentos matinales aún hace frío. Un jersey a rayas moradas y blancas, un vaquero azul marino y unos zapatos marrones, que le agradan bastante, es lo que lleva. Además ha cogido una chaqueta vaquera que al volver a casa la lleva en la mano porque hace demasiado calor.

La mañana parece transcurrir con normalidad y así sucede. Después de la clase, coge la bicicleta pública y, dando un paseo lleno de una euforia primaveral por la alegría del soleado día, se dirige a la biblioteca, donde deja un libro que ha terminado de leer, y coge dos más para llevar.

Uno de los dos se trata de un autor de moda: Tao Lin, un joven escritor norteamericano con antepasados orientales. Ha identificado su nombre, ha leído la sinopsis, y ha pensado que le podría interesar, pues había oído hablar hacía unos días sobre él.

Va leyendo en el tren de vuelta a casa, y de repente, se encuentra con un compañero de clase que hace meses no ve. Se saludan y como ninguno de los dos tiene prisa para llegar a ningún sitio, deciden apearse para tomar algo y hablar durante una hora.

Así lo hacen y reviven recuerdos del pasado. Días casi ya remotos que sólo perviven en la memoria de ambos: una fiesta de despedida, un encuentro romántico, un paseo por la ciudad… Las sonrisas y expresiones de complicidad y confianza aparecen a pesar del tiempo perdido, del instante pasado. Amigos que van y vienen, en esta sociedad donde parece que todo es efímero, decadente.

El presente pasa pronto para dejar paso al futuro, que ya se convierte en presente. Es curioso cómo ocurre, es un misterio eterno. La vacuidad del tiempo se puede llenar con una palabra; la banalidad del momento, con otra. Es la reconstrucción seguida de la destrucción, y vuelta a empezar… Una espiral mágica.

El paso del tiempo es una vulnerabilidad donde los individuos yacen observando las estrellas.

Simultaneidad artística

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Una tarde en la cual quedo con un amigo para pasear por el parque, nos metemos a ver una exposición, y descubrimos que existen personas con las que compartir aficiones.

Resulta que llegamos a una sala donde exponen tres artistas. En este caso, son unas pintoras catalanas (Pepi Roig, Gloria Badosa y María Oms Jané), que están inaugurando una exposición sobre lo que fue la industria siderúrgica, desaparecida casi por completo, en esta ciudad.

Nos ponemos a charlar con María, la cual nos invita a comer bombones y beber cava con motivo de la inauguración que está teniendo lugar. Esta pintora es muy agradable con nosotros y efusiva, ya que constantemente nos invita a comer bombones y cava.

Y gracias a ella, o por circunstancias que desconozco, conocemos a dos hermanas que nos hacen ver que se puede conocer a gente en la vida de la manera más casual e impensable, hablando de cine, de literatura o de música, como puede ser: la new wave, el rock and roll, el jazz, de muchos tipos de sonidos, de muchas épocas distintas…

Ha sido todo una experiencia gratificante ampliar mi círculo de amistad en este encuentro y varios que hemos asistido junto a las dos nuevas amigas que tengo.

Una de las cosas que más recuerdo del encuentro, son los bombones y el cava… que están muy ricos y deliciosos, y van a quedarse ahí sin comer… nos decía María.

Fue una de esas tardes que dejan huella y en la que yo, y mi amigo, reímos mucho junto a estas personas entrañables.

Casualidades numéricas

Si las casualidades vuelan, el amor respira. Si algo comienza a respirar abrázalo, hay que darle una calurosa bienvenida a la vida.

Tu eres el sol que da luz a mi vida. Gracias a ti consigo despertar y comienzo a salir de la eterna jaula.

Del 1 del 2 al 21 del 2, estoy siendo alguien con un dibujo en la cara, ese dibujo tiene forma de sonrisa y si consigue brillar en mi, sin ninguna duda es gracias a ti.

Puede que se trate de casualidades numéricas pero estoy empezando a creer que 1 es igual a 2.

Yeiser, 9 de febrero de 2011