Anhelando la liofilización eterna

Querría ser eterno, liofilizarme, mantenerme como las momias egipcias de la antigüedad, por siempre bello y joven. Y sentir esa sensación de algo volátil y etéreo, como si fuera un aroma permanente, inacabable.

Los perfumes, como todas las cosas que no son ideas abstractas, conceptos, perecen, pierden su aroma con el paso de las horas. El tiempo no da tregua a lo que está vivo. Siempre hay un momento de muerte, de agotamiento y decadencia; el final comienza desde el nacimiento, desde el comienzo de un camino.

La belleza va pereciendo con el transcurso de los instantes, de los días, de los años. La semanas parece que pasan lentamente, cuando en realidad, son fugaces, pasando rápidamente: sólo por un instante se pueden percibir los sonidos eternos que se buscan en la eternidad constantemente.

Encuentro fortuito con P. leyendo a Tao Lin

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Una mañana otoñal a finales de octubre, notando el aire fresco, se dirige a coger el tren para ir a clase como cada lunes y miércoles.

El sol va a calentar durante todo el día, porque no se perciben nubes, pero va abrigado porque en esos momentos matinales aún hace frío. Un jersey a rayas moradas y blancas, un vaquero azul marino y unos zapatos marrones, que le agradan bastante, es lo que lleva. Además ha cogido una chaqueta vaquera que al volver a casa la lleva en la mano porque hace demasiado calor.

La mañana parece transcurrir con normalidad y así sucede. Después de la clase, coge la bicicleta pública y, dando un paseo lleno de una euforia primaveral por la alegría del soleado día, se dirige a la biblioteca, donde deja un libro que ha terminado de leer, y coge dos más para llevar.

Uno de los dos se trata de un autor de moda: Tao Lin, un joven escritor norteamericano con antepasados orientales. Ha identificado su nombre, ha leído la sinopsis, y ha pensado que le podría interesar, pues había oído hablar hacía unos días sobre él.

Va leyendo en el tren de vuelta a casa, y de repente, se encuentra con un compañero de clase que hace meses no ve. Se saludan y como ninguno de los dos tiene prisa para llegar a ningún sitio, deciden apearse para tomar algo y hablar durante una hora.

Así lo hacen y reviven recuerdos del pasado. Días casi ya remotos que sólo perviven en la memoria de ambos: una fiesta de despedida, un encuentro romántico, un paseo por la ciudad… Las sonrisas y expresiones de complicidad y confianza aparecen a pesar del tiempo perdido, del instante pasado. Amigos que van y vienen, en esta sociedad donde parece que todo es efímero, decadente.

El presente pasa pronto para dejar paso al futuro, que ya se convierte en presente. Es curioso cómo ocurre, es un misterio eterno. La vacuidad del tiempo se puede llenar con una palabra; la banalidad del momento, con otra. Es la reconstrucción seguida de la destrucción, y vuelta a empezar… Una espiral mágica.

El paso del tiempo es una vulnerabilidad donde los individuos yacen observando las estrellas.

“Nieve” (Maxence Fermine, 1999)

9788433969286

Un libro lleno de sensibilidad hacia la naturaleza, la nieve, el amor, la muerte, y Japón como escenario.

Un haiku, palabras que resoplan en el viento cálido de invierno… Cálido, sí, has oído bien. Resulta curioso cómo en invierno, con la tempestuosa nieve fría, pueda hablarse de calor… Pero es real: Yuko sube a la montaña sagrada, descubriendo la esencia de la vida.

La nieve eternamente eterna en ese pasaje, intemporal, llena de hielo, congelada en el espacio. La belleza.

Amores eternos de sonrisas y miradas

Puedo enamorarme de tu sonrisa, decías. Y yo te decía que podía enamorarme de tu mirada, porque era muy profunda; ponías los ojos como si fueras un oriental…

Puedo hacerte más bella persona de lo que eres al sentirte… alguien es masturbado mientras alguien se masturba pensando en otro alguien…
Del polvo al polvo; ceniza volando a la tierra…

Eres un taciturno, te decía.
De hecho, lo soy. Navego de noche, me respondías.
Navego por mares desolados… escuchando a Sigur Ros. Islandia infinita.
Ese grupo me fascina:

              paisajes desolados, románticos, eternamente vírgenes, inalcanzablemente posibles…
Momentos cósmicos y libres de mentiras…
Dónde vivo, me pregunto. Al instante me respondo: en mi realidad eterna, sueño en misterios desvelados…

Libres almas voladoras

(…) 
Japón, pero en el monte… 
Vivir, soñar, experimentar… 
Ser libres…

-Creo que el viajar nos da libertad. Esa sensación es única:

frescura,
locura,
inocencia,
sorpresa… 

Es todo eso al mismo tiempo:

serenidad, 
ecuanimidad, 
… eternidad, 
paz interior,
eternidad infinita…

 Cómo me gusta la palabra eternidad. ¿Sigues out of redes sociales?

– Por supuesto, sé lo justo de la gente: hotmail o skype.
– ¿Sólo eso?, ¿por qué no te abres a lo virtual más?, ¿tienes miedo?
– No me gusta.  Me gusta vivir a mi aire, sin saber mucho de la gente.
– Eso es sano, como antiguamente.
– Me encanta vivir desconectada de todo. Mi familia lo acepta, no me meten presión. Sólo se de la gente cuando pregunto.
-Ya, te siguen ayudando económicamente?
– No, ya no.
– Me alegro, eso es un gran paso.
– Vivo desde enero con mi dinero
– Independiente entonces.
– Por ahora estoy sobreviviendo.
 – Me alegro, ser autosuficiente, libre de que nadie te pueda juzgar por nada.
Mentalmente lo haremos cada día más grande, nuestro mundo, nuestra experiencia vital…