Anhelando la liofilización eterna

Querría ser eterno, liofilizarme, mantenerme como las momias egipcias de la antigüedad, por siempre bello y joven. Y sentir esa sensación de algo volátil y etéreo, como si fuera un aroma permanente, inacabable.

Los perfumes, como todas las cosas que no son ideas abstractas, conceptos, perecen, pierden su aroma con el paso de las horas. El tiempo no da tregua a lo que está vivo. Siempre hay un momento de muerte, de agotamiento y decadencia; el final comienza desde el nacimiento, desde el comienzo de un camino.

La belleza va pereciendo con el transcurso de los instantes, de los días, de los años. La semanas parece que pasan lentamente, cuando en realidad, son fugaces, pasando rápidamente: sólo por un instante se pueden percibir los sonidos eternos que se buscan en la eternidad constantemente.