Kurt Cobain

Kurt, ese chico tímido y sensible de Seattle, que expresaba sus emociones como ningún otro en esa época donde había que ser fuerte, masculino y viril. Cuando todavía, a principios de los años noventa, los chicos no se veía bien que expresaran la tristeza, la alegría o cualquier aspecto emocional que tuviera. sentimientos llenos de una gran emotividad.

El joven que dijo “God is gay” (“Dios es gay”), el chico que era buscador de la verdad y la lucha por la igualdad, a favor de la diversidad sexual, ya que se oponía a las conductas machistas y homófobas, por ejemplo, cuando alguna vez dijo en el escenario que el que estuviera a favor o tuviera actitudes de ese tipo, no era bienvenido a sus conciertos.

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De pequeño fue educado en una familia muy religiosa, y aunque después él quiso dejar de lado esas costumbres, y aunque incluso conoció a uno de sus compañeros de grupo en una iglesia, luego también continuó siendo creyente. Pero con sus respectivas críticas.

Consumismo

Me parece algo muy injusto,

algo sumamente absurdo.

En la sociedad de consumo en la que vivimos, en algunas ocasiones, no parecen existir los límites y el exceso nos convierte en auténticos seres efímeros que se dispersan sin control por el espacio vital y personal.

Por eso mismo mucha gente se suicida, come con ansiedad o consume drogas de forma desmesurada; es adicta a los juegos de apuestas o gasta dinero sin pensar, compulsivamente. Por ejemplo: gastos en ropa o en objetos inservibles, perecederos, que se quedan obsoletos en poco tiempo porque no son útiles o se aburre de tenerlos. Esto se llama obsolescencia programada.

Zygmunt Bauman (que nació en Poznań, Polonia, en noviembre del año 1925 y murió en enero de 2017 en Leeds, Gran Bretaña) fue un sociólogo y filósofo de la posmodernidad que clasificó el concepto de “vida líquida”,  refiriéndose a ese estado efímero de permanencia de los automóviles, electrodomésticos, de las relaciones personales, de los trabajos… En definitiva, de cualquier cosa sustituible en el mundo actual.

Papelera llena: restos de basura

Creo que estamos yendo hacia una sociedad individualista, alocada, llena de incertidumbre en sus pensamientos y falta de discernimiento o coherencia en sus actitudes.

Es un objetivo necesario conseguir la educación global en valores humanos, que se ofrezcan y desarrollen las capacidades y aptitudes necesarias para mejorar y aprender en la vida y lograr una sociedad con diversidad de opiniones, sexualidades, formas de entender la realidad cultural, igualitaria y crítica.

Oksana Shachko

Las ideas de igualdad no dejarán de ser sueños utópicos, quizá inalcanzables, mientras exista un mundo construido por el poder y el interés político.
Ojalá algún día se consigan todos los derechos humanos: la libertad, la igualdad, la tolerancia, el respeto, la empatía… y tantos valores que se anhelan.

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Oksana Shachko, una activista y artista plástica (Jmelnytsky, Ucrania, 31 de enero de 1987-París, Francia, 23 de julio de 2018), se ha suicidado porque ha dejado de creer en la igualdad, en la idea de un futuro más justo con la mujer y las minorías sexuales y culturales o sociales.

Una lucha que comenzó en la agrupación Femen, en 2008, que desde Ucrania se marchó a Francia en 2013, donde continuó su intensa lucha por los derechos desnudándose para protestar contra el sistema capitalista, xenófobo, homófobo y machista existente.

Esperemos que gracias a todas las personas como ella, que luchan y terminan o no con sus vidas, la sociedad sea más consciente y avance en el logro de los derechos que aún no se han conseguido.

Ojalá algún día nadie tenga que terminar con su vida por ninguna causa social. Pues parece que hasta que alguien no se ha suicidado  para la obtención o aceptación de algún derecho humano, hasta ese momento no se lograban.

“Los ojos sin rostro” (Georges Franju, 1960 )

En París, en una mansión dentro de un misterioso bosque, Génessier, un médico cirujano desquiciado y obsesionado por el accidente que tuvo su hija (del que se siente culpable), porque quedó con malformaciones en la cara, destrozada casi completamente, decide raptar a chicas de una belleza similar a la de ella, con sus mismos ojos, corte y color de cabello, para intentar reponer y recuperar su bella y delicada piel facial a través del heteroinjerto, una técnica médica de trasplante de tejidos humanos.

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Christine, la hija del cirujano

Mientras tanto, Christine, la hija, que tiene un andar muy sutil, misterioso, pues da pasos elegantes, y posa como una esfinge, se muestra atenta, con ilusión por recuperar la belleza de su cara, pero mantiene una emoción triste por lo que está haciendo su padre. Desde que tuvo el accidente, se oculta bajo una máscara, con la que se encuentra todo el día escondida en la mansión, sin relacionarse con nadie, para no mostrar las secuelas del accidente causado por su padre. Éste le somete a unas pruebas de injertos de pieles (de otras chicas jóvenes secuestradas que no son voluntarias a tal experimento), pero sin conseguir mucho éxito.

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La policía se va dando cuenta de que están desapareciendo muchas chicas jóvenes con las mismas características de Christine, y encuentra a una sospechosa, pero no logran saber bien quién es.

En la escena final, como ya no cree que sea posible volver a tener la belleza de su rostro, libera a los perros, a los pájaros y a la próxima víctima, que su padre tenía encerrados para investigar, y sale de la mansión con la máscara, con los animales libres en el bosque, un espacio surrealista e idílico, creado por el director con su imaginación.

Los Ojos Sin Rostro3

Se considera una película de terror, o fantástica, por su tinte oscuro y extraño en las escenas en las que el médico manipula la piel de las chicas para utilizarlas en la mejora del perfil de la cara de su hija. Pero en cada intento que hace, no encuentra la solución para mantener esa belleza, pues se estropea y no se regenera, creando una necrosis facial.

Incomprendida por la crítica y por el público, hasta pasadas unas décadas no se ha considerado de culto. Es una historia poética donde las haya, pues expresa muchas emociones como el miedo al rechazo, la pérdida de la autoestima al sufrir un cambio en la vida.

Paulina Kael, crítica de cine la calificó como:“la película de terror más elegante que se haya hecho jamás”. Y estoy de acuerdo con ella, porque tiene mucha elegancia toda la trama narrativa.

Todo es como un poema al visionarla: es un plano de ojos, una mirada, donde se mezclan las sensaciones de rechazo y compasión, el amor por cuidarla, la muestra de fragilidad y empatía ante la máscara que su padre le ha creado, para mantener su imagen eternamente hermosa, mientras investiga con la piel de otra chica para ponérsela a ella, sin éxito.

La sociedad decadente del siglo XXI


– El suicidio debería ser una opción más, un derecho ético, y no un hecho amoral, ilícito, fuera de la ética.
No le llames cobarde cuando en realidad es muy valiente. Cobarde es vivir así, en una sociedad decadente. Esa es la broma infinita, como dice David Foster Wallace… Vivir en una ilusión, en una competencia absoluta llena de hipocresía.
Tu que engañas a la gente, subes los impuestos para destruir el bienestar social adquirido, llenándote los bolsillos con el esfuerzo de los proletarios, y rompiendo en pequeños trozos los sueños e ilusiones de la sociedad. Eso sí que debería estar penado por la ley, y ser un delito.
Sin embargo, el suicidio, aunque no lo respetes, no es un delito, que te quede claro. Es un derecho, como la eutanasia que tanto quieres prohibir.
Sólo las leyes escritas por corruptos pueden crear algo ilícito. Como no te permite disfrutar, eliminas esas opciones.
Mientras, te estás riendo del mundo; tus ingresos aumentan, a costa de la pobreza global. No te interesa reducir las enfermedades, porque las farmacéuticas ya están para cubrir el probrema: medicando crees que se soluciona el problema creado por tu incompentencia política y social (más bien humana), para beneficio tuyo en detrimento de la sociedad. Por esa razón aumentan los beneficios que tanto te preocupan, que quieres obtener. No serías “nadie” sin la ayuda de los que maltratas. Pues no deja de ser un maltrato el usurparle al soñador su sueño.
Por esto, y por muchos motivos más, el suicidio (como la eutanasia) debería ser legal en una sociedad democrática.