Emociones y diversidad funcional

Por circunstancias de la vida y por mi personalidad, me he dedicado al trabajo, sobre todo, en el ámbito social y educativo. Es decir, es el trabajo con personas que trata de prevenir y mejorar las situaciones en riesgo de exclusión social a través de medidas socioeducativas.

Un ejemplo de un colectivo que puede estar en riesgo de exclusión es el de la diversidad funcional, que es el de las personas con una capacidad diferente, un modo distinto de ver las cosas a las que el mundo está acostumbrado a nivel sensorial, físico o intelectual, aunque para mucha gente es considerada una discapacidad,  una dificultad o un problema vital que prefiere ignorar y discriminar.

Siempre me  ha parecido muy interesante tratar de respetar y tolerar las diferencias, tanto culturales, sexuales o personales (física, intelectual…).

La labor humana y la conciencia social de poder cambiar el mundo para mejorarlo con una actitud generosa, por ejemplo, haciendo voluntariado,  permite sentirse feliz y realizado. Y, si además es posible dedicar ese tiempo también a través del trabajo, se puede conseguir una gran satisfacción personal por ello.

El amor es algo vital, es la base de todo eso. Y ahí está trabajando el amor, de manera consciente y libre, de un modo natural, sin miedos ni inseguridades.

Por eso creo que he sido siempre muy sensible y he tenido muchas ganas de poder ayudar a las personas con dificultades o conflictos en sus vidas, para mejorar sus relatos y experiencias, potenciar sus realidades, en definitiva, sus vidas y a ellas mismas. Pienso que la inteligencia más importante es la emocional, porque las emociones, sobre todo en los hombres, no se han desarrollado y se han escondido e ignorado por la educación machista que ha existido.

Creo que es importante expresar lo que se siente siempre con respeto y naturalidad, siendo y sintiendo lo que cada persona nota en cada momento. De esa manera, la humanidad se convierte en auténtica, transparente, verdadera, espontánea y sincera.

Se suele decir que si una persona es colaborativa, en cualquier ámbito, es solidaria, generosa, más cercana y abierta, es más sencillo lograr objetivos que mejoren y creen una evolución positiva personal y universal. Creo que es algo verdadero, pues si se piensa en cierto sentido, se logra un resultado similar.

Como decía alguien: creer es crear. Si se dirige energía con una intención positiva para conseguir ciertos objetivos, lo más probable es que se logren con esa intención en esa dirección. Por lo tanto, quizá tenga un resultado más efectivo algo si se pone en una dirección deseable.

Ayer, en el trabajo volví a reencontrarme con ese tipo de personas, que están como ausentes, el llamado trastorno del espectro autista o autismo (TEA). A mi me parece inadecuado nombrar trastorno a una manera diferente de vivir y de sentir de ciertas personas, que desde la infancia hasta que son adultos experimentan la realidad de una manera distinta a lo que se suele representar.

Estas personas no se relacionan demasiado con los demás, parece que la empatía está ausente, como su mirada. No parecen comprender el lenguaje no verbal, ni son capaces   de tener una socialización con las demás personas, realizan movimientos estereotipados y repetitivos (para ellas tendrá algún sentido, seguramente), y tampoco anticipan el peligro de una situación, como un bebé que desconoce el sentido del peligro.

Pero sí creo que sienten las emociones (a su manera especial, única, diferente) como el amor y la tristeza, también que tienen miedo, que sonríen, que son felices en su realidad. Es un trabajo enorme el del integrador/educador por empatizar, entender y respetar sus momentos, ritmos, necesidades y deseos al igual que cualquier persona.

Actualmente, con el largo recorrido evolutivo de la ciencia y la tecnología de estos años, se va aceptando más y se comprende mejor el concepto de diversidad funcional. Se va entendiendo que hay diferentes tipos de personas, que hay  que amarlas por cómo son a todas por igual. Del mismo modo que ocurre con la diversidad sexual o cultural, (la transexualidad ya no se considera como un trastorno, pero recientemente lo han pasado a considerar como una “incongruencia de género”, algo que no se comprende tampoco, pues no representa la realidad que es: diversidad sexual humana) entre otras minorías sociales y humanas, ya que se siguen reproduciendo y existiendo prejuicios y estereotipos, discriminando a las personas que tiene esas diferencias.

El valor humano del amor es lo esencial, y como decía el Principito:

Resultado de imagen de lo invisible a los ojos

“lo esencial, es invisible a los ojos”

Anuncios

Abusos por homosexualidad

Todavía siguen existiendo muchos prejuicios y estereotipos sociales sobre la homosexualiad y, en general, sobre la diversidad sexual y las minorías étnicas. Continúa estando presente en la mente del inconsciente colectivo el miedo al qué dirán los demás. Todavía sigue teniendo mucha importancia en nuestra sociedad.

A pesar del avance generacional que ha habido en la educación, se sigue teniendo mucha desconfianza hacia lo que no se considera habitual o normal. Existen obstáculos a la hora de relacionarse y tratar temas sobre la homosexualidad, la bisexualidad o la transexualidad… Es decir, aunque se ha empezado a aceptar de manera generalizada la diversidad sexual y a las minorías, rechazadas hasta ahora, se siguen discriminando e ignorando a las personas que no entran dentro de la “norma”, en la heteronormatividad.

Por lo que siempre se ha pensado que alguien homosexual estaba enfermo (hasta el año 1973, hace unas pocas décadas lo consideraba la ciencia) pero sin ningún motivo real.

También se decía, en general, que estas personas, cuando trabajan con la infancia, en el ámbito educativo, o en el social, son más proclives a cometer abusos, y tener más posibilidades de ser violadores, maltratadores y/o cometer actos de ese tipo en centros escolares, sociales o de cualquier ámbito.

Todos esos pensamientos son falsos y no permiten que la sociedad avance hacia la aceptación, respeto y tolerancia de estos colectivos excluidos y rechazados.  Porque no hay ninguna teoría que lo confirme.

Lo más importante es educar desde la infancia en valores que defiendan la libertad de elegir lo que se desea, lo que se quiere/siente que se es en la vida. Y no se debería haber permitido herir y hacer sufrir a personas que tienen esa diferencia, pues todos somos únicos y aportamos distintas opciones en cada realidad.

La diferencia aumenta las capacidades de las personas. Por lo tanto, ésta enriquece y aporta más creatividad en la sociedad.

Empatía, respeto y tolerancia

522287_4755147436819_1226896253_n

Empatizar, intentar ponerse en el lugar del otro, es complicado en muchas ocasiones, pero siempre es posible mejorar nuestras relaciones con los demás.

Intentar, al menos, ponerse en el lugar de las personas cuando existen problemas, intentar dialogar sin discutir, intentar hacer las cosas sencillas, sin herir al otro, sin faltar el respeto, es una tarea muy importante para poder relacionarse con los demás de manera adecuada.

El respeto y la tolerancia, junto con otros valores, son de obligado cumplimiento, en teoría, claro está, porque en la práctica cuesta, y a veces, hasta demasiado. Pero eso es por causa de las formas, por ignorancia, por la no aceptación de las diferencias, por causas ajenas al hecho en sí.

La gente no se da cuenta normalmente de que llega un momento que no se debe sobrepasar ese límite, para no permitir llegar a enfadarse por cosas, que no tienen importancia alguna. Pues lo que de verdad la tiene, en mi opinión, ni siquiera se es capaz de discernir, ya que forma parte de un estado superior de conciencia.

Violencia gratuita

A veces no comprendemos por qué existe la violencia gratuita y nos preguntamos por qué llegamos a ser tan agresivos, el por qué de las injusticias.
Sin saber de dónde provienen los puñetazos, alguien te propina uno en la boca, creándote una hemorragia nasal y te revienta los labios gratuitamente un día cualquiera… aunque normalmente, por qué será, casi siempre cuando estamos de fiesta por la noche o algo bebidos, sino por otras cosas…
Nos preguntamos todos lo mismo… pero luego somos los primeros en ser violentos y crear discusiones entre nosotros sin necesidad. Pero en algunos casos es demasiado extraño como para entenderlo… No necesitamos la violencia, no nos aporta nada…
De todo ello aprendemos que no lleva a ningún lado el pegar a las personas, el faltar el respeto y salirse de ese querido equilibrio continuo que nos gustaría siempre tener… Pero es muy difícil, seguro que casi imposible, no tener momentos así, porque gracias a ellos aprendemos mucho… Las lecciones están para aprenderlas pero casi nunca las aprendemos como deberíamos.
En fin, creo que esto es una pequeña muestra de algo que he vivido recientemente… No quiero hacer apología de nada, si acaso de la paz y el respeto entre las personas que vivimos aquí, en un mundo que podríamos mejorar mucho aún, y a veces  no estamos dispuestos a ello.